miércoles, 5 de julio de 2017



Entender y Vivir la Pobreza Consagrada

            La pobreza como manifestación social se caracteriza por la ausencia de bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas del ser humano.  Lo que nos sugiere que existe una relación entre los recursos disponibles y necesidades humanas que determina el nivel de riqueza o pobreza de los individuos.  Desde la perspectiva evangélica, la pobreza es la capacidad de "orientar rectamente los deseos hacia el uso moderado  de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas para poder buscar el amor perfecto"[1], contemplar  a Dios. "Es un error grave identificar pobreza sólo con uso del dinero; es mucho más, afecta a la manera de vivir, a la escala de valores, al orden de importancia que las cosas y las realidades tienen para nosotros en la vida"[2].

            «El Derecho Canónico nos orienta sobre el consejo evangélico de pobreza, como una invitación a vivirlo conforme Cristo vivió, que, siendo rico, se hizo indigente por nosotros. Además, la vivencia de este consejo sugiere una vida pobre de hecho y de espíritu, esforzadamente sobria y desprendida de las riquezas terrenas, lleva consigo la dependencia y limitación en el uso y disposición de los bienes, conforme a la norma del derecho propio de cada instituto»[3].   Las personas que entran en la vida cosagrada monástica o religiosa abandonan todas sus posesiones para vivir sujetos a la economía comunitaria.  En cada comunidad religiosa, conforme estipula el derecho universal, así como las constituciones, se define cuál será el uso y destino de los bienes personales.  Sin embargo, las vírgenes consagradas, tienen una vivencia distinta de la pobreza evangélica. Por la naturaleza propia de su consagración en el mundo, viven de su trabajo o empleo remunerado, desapegadas de los bienes materiales. Su estado de vida les permite participar de las realidades temporales consagradas a Dios, por medio del desposorio místico o "Sponsa Christi"[4]. El ingreso que generan de la actividad artesanal o profesional es patrimonio personal; no ejecutan la renuncia a los bienes y son responsables de administrar su riqueza.

            Si la adquisición y el uso de bienes monetarios no define la capacidad humano espiritual de ser pobres, conviene preguntarse cuál es el estándar de Jesús. « No se hagan tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los echan a perder y donde los ladrones rompen el muro y roban. Acumulen tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el gusano los echen a perder, ni hay ladrones para romper el muro y robar. Pues donde están tus riquezas, ahí también estará tu corazón» (Mateo 6, 19 - 21).  Cobran sentido las preguntas de Pedro Belderrain, en el artículo, "A vueltas de la pobreza"(pág. 1 y 2),  dónde está nuestro  corazón, qué es lo que de verdad nos complace sobre la tierra, por qué o por quién estamos dispuestos a entregar la vida.
            Entonces, para vivir con espíritu pobre hay que trazar un camino interior que conduzca hacia la sencillez, que nos permita revalorar las opciones hasta encontrar el mayor bien.  Es por lo que el voto de pobreza nos obliga a pensar  en "cómo empleamos nuestro tiempo, nuestros dones personales, las oportunidades vitales de estudio o experiencia que hemos tenido, la salud, la vocación"[5]. Si por la profesión de este voto evangélico se vive distribuyendo sanamente la riqueza personal con la que se glorifica a Dios. Vivir para que el tiempo, los talentos y el tesoro sean para construir el Reino, edificar a la Iglesia y alcanzar la santidad. Una vida consagrada a Dios, que es imagen de Cristo Pobre,  debe convertirse en un antídoto eficaz ante la urgencia de obtener placeres inmediatos que calman las ansias corporales, pero deja vacío el corazón. Medicina para el alma enferma de soberbia que busca dominar a todos y vencer en todo, olvidando que: « Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo» (Filipenses 2, 6-7), por amor al Padre.  Ser un bálsamo sanador para el corazón que con ansiedad desea poseer todo, ignorando que el verdadero valor radica en descubrirse nada ante Dios, para obtener todo de Él.   

            La Iglesia orienta a los fieles a vivir en una actitud de desapego y desprendimiento de las cosas del mundo, con el propósito de imitar a Cristo, tener una mayor disponibilidad para servir a los hermanos y alcanzar la plena realización humana. En general a los cristianos el Concilio Vaticano II, aconseja el uso moderado de las cosas de este mundo para llegar a la perfección (LG 42)[6]. Es una invitación a considerar la pobreza como "don de comulgar más a fondo con Jesús y con su Reino que entraña nuestra consagración bautismal"[7].  Respecto a la pobreza de los consagrados, profesada con voto, el Concilio no sólo indica su necesidad como signo característico y medio para participar en la vida de Cristo, sino que recomienda además la adopción de nuevas formas en la práctica de la pobreza, así como la experiencia real y el sometimiento a la ley general del trabajo (PC 13)[8].

            El desapego y desprendimiento, son dos actitudes psicológicas que demandan serias modificaciones del carácter para crecer en gracia, virtud y perfección.  Propone un camino de autoconocimiento para encausar los esfuerzos hacia la moderación de los afectos e intereses por las cosas y las personas.  Que la sencillez y sobriedad  definan en lo cotidiano lo que es esencialmente necesario, para que educando la voluntad no se despilfarren los bienes eternos. Al mismo tiempo, propone un camino de conversión por medio de una ordenada austeridad que redirija la mirada hacia Dios, para reconocer la supremacía divina por encima de todo lo creado. En palabras de San Josémaria, el desprendimiento se cultiva: teniendo lo necesario, sin lujos de ningún tipo, no quejándose cuando falta algo ni añorándolo, viviendo desprendido de lo que tenemos y usamos, así como trabajando esforzadamente por construir una sociedad más humana, justa y equitativa, de forma que todo en nuestra vida sea de Dios y para Dios[9].

 

 




[1] Catecismo de la Iglesia Católica #2545
[2] Belderrain, P. A vueltas de la pobreza. Pág. 1.
[3] Derecho Canónico #600. Disponible en: http://www.mercaba.org/Codigo/1983_0573_0730.htm (6 of 44) [18/06/2007 01:59:19 p.m.]1983 0573-730 [Fecha de Consulta: 28 de mayo de 2017]
[4] InfoCatóica. Blog Espada de Doble Filo. Ordo Virginum(2009). http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/0909250146-ordo-virginum. Recuperado mayo 2017
[5] Belderrain, P. A vueltas de la pobreza. Pág. 1.
[6] Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Pág. 7
[7] Moreira, V. Las trampas de la Pobreza. Pág. 4
[8] Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Pág. 7
[9] Clase XVI. La pobreza cristiana: el desprendimiento pleno del corazón por amor a Cristo. htpp://conelpapa.com/cursojovenes/pobreza/index.htm

No hay comentarios.:

Publicar un comentario