martes, 18 de julio de 2017


Voto de Obediencia, Voluntad Sometida Al Querer De Dios

            Obedecer es una experiencia humana que está presente en todas las instancias en donde hay una relación de poder y autoridad. Lo que supone una interacción entre un superior y un subordinado, quienes están en la disposición de comunicar un mandato, acogerlo y con los actos demostrar su ejecución. Desde la perspectiva del Vaticano II, "la obediencia religiosa debe cumplir dos propósitos fundamentales: servir a los demás  y alcanzar la madurez personal, hasta alcanzar la plenitud del ser humano tras la imitación de Cristo"[1].  Esto implica que existe una relación con Dios como ser supremo que comunica los mandatos y una libre determinación humana de cumplir su voluntad.  También, hay de manera implícita la disposición de querer escuchar la voz de Dios, de entrar en su misterio de amor.

            La obediencia nace de la libertad humana, porque requiere el esfuerzo consciente y determinado de asumir con responsabilidad y compromiso los retos de la propia vida.  Es la expresión vital de la dimensión trascendental del ser humano, quien a través de la razón y la fe, se adentra en un proceso de profundización e identificación de su ser, que encuentra su culmen en la unión con Dios[2]. En su raíz etimológica podemos encontrar una influencia del latín, del griego y del hebreo, que se sintetiza en la capacidad de saber escuchar, oír y escuchar con entendimiento para cumplir un mandato.  Se hace evidente la dimensión racional humana que entra en función del misterio divino que se revela, la libre de determinación de trascender a lo que se puede ver a simple vista, para entrar la dimensión fideísta de acoger como verdad revelada la voz de Dios.  Por otro lado, en esa relación con Dios, se reconoce el potencial de autonomía, propia del ser humano, que ha sido creado con capacidad cognitiva intelectual para asumir el proyecto de Dios a partir de su nivel de entendimiento. No se puede explicar la obediencia religiosa sin la experiencia de encuentro personal con la Fuente de la verdad y del valor, con el Dios que se ha encamado en Jesucristo[3].



            A partir del Concilio Vaticano II la obediencia ha tomado un giro distinto, enfocado en el ser humano, su dignidad y su naturaleza inherentemente libre. La libertad es un atributo irrenunciable del ser humano y el fundamento de su dignidad; renunciar a la libertad es negarse a sí mismo, abdicar de la propia vocación humana[4]. Entre todos los seres de la naturaleza sólo el hombre obedece, porque sólo él es libre[5] y puede comprometerse de manera responsable con los actos y acciones que definen su vida. Su capacidad para elegir lo dignifica porque proyecta su habilidad consciente de asumir la vida en función de determinados valores. Sin embargo, cuando se confunde la obediencia con un estado pasivo de sumisión o la aceptación autómata de ordenes se trastoca el significado más profundo del voto, como expresión de la vida y obra de Jesús sujeta a la paternidad de Dios.

            La obediencia cristiana ha de ser “activa y responsable” (cf. PC 14,43)[6], nos dignifica en la medida en que fortalece hace madurar a la persona en la libertad.  Por medio de ella la persona es capaz de utilizar su capacidad creadora en favor de los demás; hace posible que la persona esté accesible para el servicio humanitario. En la vida religiosa es el medio a través del cual, la persona consagrada está disponible para misión y las obras con las que se construye el Reino desde el carisma comunitario.  Se traduce en una voluntad firme para dominar el ansia de poder y de reconocimiento personal, para poder entrar en la onda del "nosotros", de la identidad comunitaria que proyecta la misión como un signo visible del seguimiento de Cristo.
            La vivencia del voto de obediencia está compuesta de una tensión hacia la autoridad divina que se impone y la voluntad humana que por amor se vuelve sumisa ante el querer de Dios. En la esfera comunitaria Superior y Religiosa(o) reflejan esa relación entre Dios y el ser humano, que debe estar caracterizada por el dialogo, la reflexión y la oración, con el fin de que se descubra la voluntad de Dios sobre la comunidad.


papa francisco valientes obediencia 


[1] Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Página 2.
[2] Matas, Ma. A. (2013) La obediencia como consejo evangélico en la vida consagrada. VERITAS, Nº 29 (Septiembre 2013) 219-249 Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-92732013000200010 [Fecha de Consulta: 9 de julio de 2017]
[3] ¿Fundamentos  Antropológicos De La Obediencia Religiosa? José M. Vegas, cmf. Página 9
[4] ¿Fundamentos  Antropológicos De La Obediencia Religiosa? José M. Vegas, cmf. Página 3
[5]Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Página 2.
[6] Perectae Caritis 14, 43, según citado en "Una Obediencia en Libertad". Felisa Elizondo. Página 2

Imágenes tomadas de las siguientes fuentes en julio 2017
https://pbs.twimg.com/media/CWrau4nWEAAeAsH.jpg
https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/f6/61/25/f661253b27c441978e24ec2f683f3b8a.jpg
https://www.pildorasdefe.net/noticias/papa-francisco-valientes-obediencia-dialogo

 

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