martes, 13 de abril de 2021

Formación y Vida Consagrada

Formación en el Ordo Virginum




La formación es un proceso progresivo que facilita la incorporación a la vida consagrada. La dinámica procesal, sugiere movimientos diversos (de adentro hacia fuera y de fuera hacia dentro) que provocan la reflexión y la sana autoconfrontación del ser humano frente al llamado vocacional y a la experiencia de Dios que de ello se deriva. La formación está directamente vinculada a la realidad del ser humano que participa, genera desde la situación vital y personalizada que cuenta con los ritmos personales  Propicia niveles de profundidad que proporcionan una lectura objetiva, existencial y cristiana de los acontecimientos que han de ser discernidos. 



Debe contener un plan sistemático que ayude a vivir el propio crecimiento de vida y fe, teniendo clara la meta de la transformación en Cristo. Dicho plan se constituye en etapas con sus respectivos objetivos, a través de los que se presenta la visión ideal del modelo de persona consagrada que tiene la Iglesia y los mecanismo por medio de los que el ideal de vida se encarna en la actualidad.

En el Ordo Virginum el itinerario formativo es responsabilidad del Obispo diocesano. Nos dice la Instrucción Ecclesia Sponsae Imago en los numerales 46 al 51 los siguientes aspectos a considerar para establecer un plan de formación:



46. Es competencia del Obispo diocesano acoger como don del Espíritu las vocaciones a la consagración en el Ordo virginum, promoviendo las condiciones para que el arraigo de las consagradas en la Iglesia que le ha sido confiada contribuya en el camino de santidad del pueblo de Dios y en su misión.

En continuidad con la antigua tradición eclesial, el Ordo Consecrationis virginum diseña la figura del Obispo diocesano, no solo en su tarea de sacerdote dispensador de la gracia divina[74], sino también como maestro que indica y confirma el camino de la fe[75], y como pastor que cuida amorosamente de las personas que le han sido confiadas[76].

La solicitud pastoral hacia el Ordo virginum es parte del ministerio ordinario de enseñanza, de santificación, de enseñanza y de gobierno del Obispo diocesano bien sea con las consagradas y las mujeres que aspiran a recibir la consagración, bien sea con respecto al Ordo virginum de su Diócesis, como coetus de personas.

47. Como responsable de la admisión a la consagración, el Obispo diocesano, en base a los elementos de conocimiento de cada candidata, establece las modalidades para seguir un adecuado itinerario formativo y lleva a término el discernimiento vocacional.

48. El Obispo diocesano ejerce la atención pastoral a las consagradas, animándolas a vivir con gozosa fidelidad su propia vocación, estando atento a las exigencias del camino de cada una y asegurándose de que dispongan de medios idóneos para la formación permanente.

Sostiene la comunión entre las consagradas y el sentido de corresponsabilidad para la vitalidad de su testimonio eclesial promoviendo ocasiones de encuentro, iniciativas e itinerarios de formación comunes y acordando con las consagradas las modalidades con las que a nivel diocesano puede configurarse el servicio de comunión, teniendo en cuenta las circunstancias concretas. Anima también los contactos y la colaboración con las consagradas de otras Diócesis.

49. Comparte con las consagradas la atención a las consagradas que por edad, razones de salud u otras situaciones de dificultad, atraviesan momentos de grave sufrimiento o tribulación.

Teniendo en cuenta las costumbres y situaciones locales concretas, da indicaciones para que las consagradas aseguren la oración de sufragio por las difuntas, guarden la memoria y su testimonio de fe y de amor al Señor y, en la medida de lo posible, participen en la celebración de las exequias cristianas de las hermanas y compartan la preparación de las mismas con los familiares y las demás personas a ellas allegadas

50. Aunque el Obispo diocesano haya nombrado un Delegado o una Delegada para la atención pastoral del Ordo virginum, sigue siendo de su competencia la decisión final con relación a los actos de mayor importancia como: la admisión a la consagración; la adscripción en el Ordo virginum diocesano de una consagrada que viene de otra Diócesis; la dispensa de las obligaciones de la consagración; la dimisión del Ordo virginum; la definición de las directrices para la formación previa a la consagración y para la formación permanente; la aprobación de las modalidades de funcionamiento del servicio de comunión para el Ordo virginum diocesano; la institución de fundaciones canónicas para el apoyo y la gestión económica de la actividad del Ordo virginum y la posible autorización para pedir que sea reconocido civilmente; el reconocimiento y la aprobación de los estatutos de las asociaciones diocesanas de vírgenes consagradas, como también la eventual autorización para pedir el reconocimiento civil.


Fuentes:

ETEL–Formación y Vida Religiosa –Curso 2016-17 (2º semestre). Introducción

Experto en Teología de la Vida Religiosa. Instituto Teológico de Vida Religiosa. Escuela Regina Apostolorum


Instrucción “Ecclesiae Sponsae Imago” sobre el “Ordo virginum”, 04.07.2018. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/07/04/ecle.html





 

Vida Consagrada y Psicología de la Vocación

Vida Consagrada... 

una relación entre Dios y el Ser Humano


La vida consagrada es un modo específico de vida humana y cristiana que llega a identificar al Yo; es una forma específica de comportamiento a nivel personal, comunitario y apostólico.

Por vocación cristiana y sacerdotal-religiosa entendemos el compromiso que una persona, sintiéndose "llamada" por Dios, asume aceptando un servicio especial en la Iglesia por medio de la donación de sí misma a Dios y a los hermanos. 

La Sagrada Escritura, la Teología y la Tradición concuerdan atribuir al término "vocación" el significado de llamada. Pero existen otros intentos de explicar el fenómeno de la vocación, que pueden reducirse a tres, dando lugar a tres diversas acepciones de la palabra "vocación". Entre estas acepciones tenemos dos que pueden considerarse "reductivas" porque evidencian sólo una dimensión de la vocación, olvidando otras. 

  • Concepción espiritualista: según esta tendencia, la vocación consistiría en una llamada directa y especial que Dios dirige a personas particulares. Esta concepción es reductiva, porque evidencia sólo una dimensión de la vocación, la transcendental. 
  • Concepción psicologista: esta tendencia pone el acento en la autorealización personal. La persona tendería sólo a realizarse a sí misma, sin tener en cuenta del otro en sí, del no-yo, de la realidad externa. Estas realidades son reducidas injustamente a un rol instrumental, a medios puestos al servicio del individuo. Esta concepción psicologista excluye la dimensión sobrenatural de la vocación. 
  • Concepción antropológico-cristiana: esta concepción pone en evidencia las relaciones que se interrelacionan entre Dios y la persona en el surgir y desarrollarse de la vocación. De esta manera, permite ver la vocación en su doble aspecto de transcendencia y de inmanencia. 



La llamada de Dios llega a través de los acontecimientos que la persona siente próximos a sí; la vocación llega de lo Alto, pero brota al mismo tiempo de lo más profundo de nosotros mismos. Aceptando esta concepción, la vocación puede ser analizada desde diversos puntos de vista: 

  1. La vocación como proyecto de vida: son dos aspectos, divino y humano, de una sola realidad psicológica, profundamente humana que consiste en una imagen del futuro libremente formada, pero que corresponde a planteamientos normativos objetivos, como también en una espera y una voluntad leal en relación a este futuro. 
  2. La vocación como diálogo: la vocación es un proceso continuo del encuentro entre Dios y la persona humana, una relación, un diálogo que se realiza entre dos personas libres. 
  3. La vocación como crecimiento: hoy se considera impreciso y equivocado decir "tengo vocación", mientras que se prefiere expresar esta realidad diciendo "me encuentro en estado de vocación". Estar en estado de vocación significa vivir conforme a los valores con los que la persona coincide más o menos desde el día en que decide consagrar su vida a algunos valores fundamentales que llegan a convertirse, por así decir, en atributos de su ser. Desde un punto de vista genético y evolutivo y en una prospectiva dinámica, la vocación aparece como un proyecto de vida que se va elaborando gradualmente en armonía con la propia identidad.

El aspecto teológico: la vocación comporta diversos elementos, tanto por lo que respecta a la acción de Dios, como por lo que respecta a la colaboración humana.

Por parte de Dios: la vocación comporta una elección. Para Dios, "llamar" es fundamentalmente elegir (Rom 9,11). Esta elección es absolutamente transcendente y no tiene otra explicación que la libre iniciativa divina. Cuando la elección eterna de Dios se hace presente en el tiempo, de tal modo que la persona tome conciencia, se realiza el segundo momento fundamental de la vocación, la llamada. Finalmente, cuando Dios llama, confía una tarea, da una misión. Corresponder a la propia vocación es cumplir un servicio según el carisma recibido. 

Por parte de la persona: la vocación presupone una cierta visión global de la propia existencia. Esta visión totalitaria de la propia existencia comporta sobre todo la neta conciencia de su irrepetibilidad. A esto hay que añadir la toma de conciencia de un ideal concreto por el que valga la pena vivir e incluso morir (opción fundamental, compromiso definitivo). Con la opción definitiva de un ideal concreto hacia el que se van concentrando todas las energías, la persona pone como contenido de su vida un valor dominante y central que llega a convertirse en principio unificador de la vida misma y asegura continuidad y coherencia a las opciones cotidianas. Esta opción no es un acto aislado de la voluntad, sino que es fruto de una progresiva maduración. El tercer elemento constitutivo de toda vocación es la elección de un camino a seguir y de unos objetivos concretos.

 



























El aspecto psico-socio-pedagógico: el fenómeno de la vocación, además del punto de vista sobrenatural, puede ser considerado también como un fenómeno psicológico de elección motivada de la propia vida y como un fenómeno sociológico, en el que múltiples influjos ambientales empujan a la persona a elegir y establecerse en un determinado "status" social, representado por el sacerdocio o la vida consagrada, que lo asume con empeño total de energía y de tiempo, integrándolo en sus estructuras organizadas y diferenciadas para tareas específicas y misiones determinadas.

Esta dimensión psico-sociológica de la vocación revela la vocación consagrada sobre todo como una realidad dinámica integrada por múltiples factores (inclinación, intereses, motivaciones, disposiciones, aptitudes, etc.) que, bajo el impulso de la maduración personal y de los influjos ambientales socioculturales (educación) y partiendo de una situación inicial determinada, se desenvuelve a través de compromisos y decisiones personales siempre más vastos y profundos, hasta un compromiso definitivo de la propia vida. Respecto a este aspecto de la vocación, el estudio se concentra en torno a aptitudes específicas y a rasgos de personalidad. La relación existente entre las aptitudes y la vocación deriva del concepto teológico de vocación. Dios señala el camino de una persona con el acto creador mediante el cual le dota de ciertas disposiciones. Se pone la pregunta, si es posible establecer en términos psicológicos esta idoneidad necesaria, especialmente cuando se trata de "virtudes" sobrenaturales requeridas como "aptitudes actuales" para la idoneidad al sacerdocio y a la VC.

El aspecto dinámico: un punto capital, el de la motivación que indica más directamente la búsqueda de las causas o de los motivos de acción, ha sido más bien olvidado por quien se ha interesado en problemas vocacionales. Se puede decir que, por lo general, una vocación inicia con frecuencia con una motivación natural y afectiva: el amor de la madre, amistad con un sacerdote, etc. Este es el camino normal de los 12 a los 16 años. Pero para que esta vocación llegue a verdadera vocación y su motivación sea auténtica y adulta, es necesario que el sujeto supere este estadio, es decir, que su vocación crezca con la edad y creciendo en la vida crezca también en la libertad de su compromiso. 

Fuente: PSICOLOGÍA Y VIDA CONSAGRADA. Prof. Josu M. Alday, cmf. Materia tomada en el año académico 2016 - 2017

Curso: Experto en Teología de la Vida Religiosa. Instituto Teológico de Vida Religiosa. Escuela Regina Apostolorum