domingo, 13 de septiembre de 2015

Oración Por Los Consagrados y Las Consagradas


 








Oración de los Consagrad@s
para el Año de la Vida Consagrada

Te damos gracias, Padre, que nos ha llamado a seguir a Jesús en plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia, y que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo que nos da alegría y nos hace testimoniar al mundo su amor y su misericordia.

Hoy queremos ser agradecidos por nuestra historia.  Agradecemos a nuestros fundadores quienes abrieron su corazón al Espíritu Santo y que nos han motivado a incorporar otros miembros en nuevos contextos geográficos y culturales, dando vida a nuevos modos de actuar el carisma, a nuevas iniciativas y formas de caridad apostólica. 

Hoy queremos responder a la llamada de vivir el presente con pasión.  Queremos volver a decir como dice San Pablo: “Para mi, la vida es Cristo”.  El Evangelio nos sigue exigiendo que lo acogamos y que la vivamos con radicalidad y sinceridad.  Que cada día podamos poner en práctica todo lo que nace de la Palabra que se ha encarnado en la historia. 

Hoy queremos abrazar el futuro con esperanza.  Sabemos los retos que tenemos: la disminución de vocaciones y el envejecimiento, los problemas económicos,los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social.  Queremos vivir Cristo, Nuestra Esperanza, que nos repite constantemente «No tengas miedo, que yo estoy contigo».  Por eso también oramos para que nuestros niños y jóvenes no tengan miedo de escuchar la voz de Dios y respondan en su corazón aceptando la invitación de Cristo: Ven y sígueme.

Que en nosotros se refleje la alegría de la opción que hemos hecho. Que nuestra vida proclame los dones evangélicos de la fe, la esperanza y la caridad.  Que nuestra vida sea una invitación a vivir en comunión y que juntos salgamos a la misión de anunciar a Cristo Vivo y presente en la historia. 

Y a ti María, bajo la advocación de la Virgen del Carmen, te pedimos que imitandote conservemos virginalmente la fe íntegra, la esperanza firme y el amor sincero para que juntos llegemos a la eterna y única bienaventuranza. 

 Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor.  Amén
 
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Oración de Bendición a los Consagrad@s

(Tomado de Vita Consecrata de Juan Pablo II, 1996)
 
Trinidad Santísima, beata y beatificante, haz dichosos a tus hijos e hijas que has llamado a confesar la grandeza de tu amor, de tu bondad misericordiosa y de tu belleza.

Padre Santo, santifica a los hijos e hijas que se han consagrado a ti para la gloria de tu nombre. Acompáñales con tu poder, para que puedan dar testimonio de que Tú eres el Origen de todo, la única fuente del amor y la libertad. Te damos gracias por el don de la vida consagrada, que te busca en la fe y, en su misión universal, invita a todos a caminar hacia ti.

Jesús Salvador, Verbo Encarnado, así como has dado tu forma de vivir a quienes has llamado, continúa atrayendo hacia ti personas que, para la humanidad de nuestro tiempo, sean depositarias de misericordia, anuncio de tu retorno, y signo viviente de los bienes de la resurrección futura. ¡Ninguna tribulación los separe de ti y de tu amor!

Espíritu Santo, Amor derramado en los corazones, que concedes gracia e inspiración a las mentes, Fuente perenne de vida, que llevas la misión de Cristo a su cumplimiento con numerosos carismas, te rogamos por todas las personas consagradas. Colma su corazón con la íntima certeza de haber sido escogidas para amar, alabar y servir. Haz que gusten de tu amistad, llénalas de tu alegría y de tu consuelo, ayúdalas a superar los momentos de dificultad y a levantarse con confianza tras las caídas, haz que sean espejo de la belleza divina. Dales el arrojo para hacer frente a los retos de nuestro tiempo y la gracia de llevar a los hombres la benevolencia y la humanidad de nuestro Salvador Jesucristo, que vive y reina, por los siglos de los siglos.     Amén.
 



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domingo, 23 de agosto de 2015

Jessica Hayes... una mujer enamorada de Jesucristo



 
 Jessica Hayes... una mujer enamorada de Jesucristo


Autor: Ivette Fontánez Ojea, OVC

El pasado 16 de agosto de 2015, circuló de forma viral en las redes sociales y en los medios televisivos  la noticia, sobre el "inusual casamiento", de una joven mujer virgen con Jesucristo.  Jessica Hayes, acaparó la atención del mundo, al testificar públicamente su deseo de amar matrimonialmente solo a Cristo, El Hijo de Dios.

Mientras, leía algunos comentarios en las redes sociales, me cuestionaba qué de extraño o bizarro se podría encontrar, en la profesión de votos perpetuos en el Orden de las Vírgenes, de una norteamericana, que sin duda, llena de fe y esperanza en Dios, manifestaba la entrega de su corazón y de sus sentimientos más profundos a Jesús, junto con su deseo de servir a la Iglesia.  Sin embargo, al mismo tiempo capté rápidamente, el desconocimiento que hay entre  el Santo Pueblo de Dios, sobre la vida consagrada y el celibato ofrecido en servicio a Dios y a su Iglesia, es decir, ofrecido por el Reino de Dios.

En medio de mi desconcierto, aparecía un viso de  indignación, al tomar conciencia de que la opinión pública que se generó ante este evento religioso tan sublime, reflejaba lo que alguna gente piensa de todas las Vírgenes Consagradas, o hasta de mí misma, puesto que igual que ella, me casé con Jesús el 19 de mayo de 2012.   Me inquietó mucho el morbo con que se establecían analogías para entender con quien se casó Jessica, desde la idea de que este acto de fe era un hecho puramente imaginario, hasta el planteamiento de que se estaba casando con el Obispo.  Sin embargo, se perdía de perspectiva el misterio del amor de Dios manifestado a través de Cristo en la decisión de Jessica, ella buscando la unidad plena con Cristo, utilizó la virginidad consagrada, de la misma forma que cualquier otra dama puede hacerlo en un Instituto de Vida Religiosa, Secular o Monasterio de Clausura.  En el pleno ejercicio de la libertad, cada Virgen Consagrada busca entregar su corazón completamente a Cristo, para que  "Él que se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa (Efesios 5 21 - 32).  La Iglesia, de la que todas las Vírgenes Consagradas somos parte, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada" (Efesios 5, 21-32), fuésemos irreprochables ante Él por el amor (Efesios 1, 4), viviendo según la vocación para la cual hemos sido elegidas.

Por lo que me pareció prudente ofrecer una breve catequesis sobre la virginidad consagrada, tomando algunos textos formativos que la Iglesia Católica ha difundido.  Así como citando parte de las publicaciones breves, que la Hermana Lucila Antonia Murillo, OVC, ha publicado a través de Facebook desde Nicaragua. 

El Orden de las Vírgenes, es la forma de vida consagrada más antigua de la Iglesia, costumbre que se remonta a la Iglesia Primitiva.  Desde los tiempos apostólicos, vírgenes cristianas fueron llamadas por el Señor para consagrarse a El enteramente, tomando la decisión, aprobada por la Iglesia de vivir en estado de virginidad por el Reino de los cielos, según nos explica Hna. Lucila.  Aunque en la edad media la consagración cayó en desuso, en parte a causa de la Reforma  Protestante, que dejó una época de espiritualidad muy individualista.  La Sagrada Congregación para el Culto Divino promulgó en 1970 el nuevo rito litúrgico para la Consagración de Vírgenes, de valioso contenido espiritual; venerable por su origen antiguo, admirable por su edad y belleza. 

El Orden de las Vírgenes está formado por mujeres laicas, que aún permaneciendo en el mundo quedan definitivamente “reservadas para Dios” con un vínculo virginal y nupcial, por medio de un propósito irrevocable, sellado por un rito público, solemne y litúrgico.  A través de este rito,  la Iglesia demuestra su aprecio por la virginidad, implora gracias a favor de las vírgenes y espera un derramamiento de bendiciones que  hará de la virgen una esposa fecunda para la gloria de Dios.  Es un estado de vida “canónico” en la Iglesia, es decir es de naturaleza jurídica, una de las cuatro formas de “Vida Consagrada” reconocidas por el Código de Derecho Canónico (C.I.C. 604) y definido dentro del apartado destinado a la Vida Consagrada en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, y en la Carta Apostólica “Vita Consecrata”  Juan Pablo II. (CIC, c. 604; CIC 922-924).  La Hna. Lucila señala, que el Orden de las Vírgenes, constituye un orden, no una orden, es decir, un grupo eclesial con características propias y bien definidas.  

La dama virgen celebra su unión esponsal con Cristo, ofrendando su amor, con un corazón indiviso (1Co 7, 32-35); tal cual el Apóstol Pablo exhortaba a los Corintios, a descubrir el llamando de Dios para entregarse en plena libertad al servicio de la Iglesia.  En palabras paulinas: "Yo os quisiera libre de preocupaciones",  libres de las exigencias sociales  y del mundo, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.  La Virgen Consagrada acepta el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo mediante el desposorio místico.  Como consecuencia directa de este estado de vida, se deriva la santa obligación de estar "preocupada de las cosas del Señor y de agradarlo" (1Co 7, 32-35), a través, de la oración personal  en comunión con la Iglesia Universal rezando el Oficio Divino. Así como, participando de la vida litúrgica y sacramental en donde se encuentra Cristo presente en la Iglesia  y del trabajo apostólico encomendado, de acuerdo con sus talentos y carismas.   En este "agradar" están contenidas toda la reserva, el tiempo, las orientaciones, preocupaciones, (Mendoza, 2012) y esfuerzos cotidianos son dirigidos a hacia Dios, a fin de que la Virgen Consagrada, alcance el fiel cumplimiento del voto profesado y por medio de él la santidad.

Referencias:

Publicaciones Electrónicas de  la Hna. Lucila Antonia Murillo, Nicaragua (2014 al presente)

http://www.zenit.org/es/articles/preocuparse-de-las-cosas-del-senor-y-servirlo-con-corazon-indiviso-tiempo-ordinario-4-ciclo-b                     Pedro Mendoza (2012)

http://www.maristas.com.ar/biblioteca_digital_marista/Documentos/Un%20Corazon%20Indiviso.pdf.          Hno. Sean Sammon, fms (2002)