martes, 14 de julio de 2015

Virgenes Consagradas, un modo de vida consagrada.




Las Vírgenes Consagradas  
                                         Vida Consagrada
 

Estas mujeres se dedican a la oración, la penitencia, el servicio a los hermanos y el trabajo apostólico según el estado y los carismas respectivos.


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net

Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos vivos del Espíritu Santo. Por lo tanto, la vida de los católicos, si quieren ser fieles y coherentes con su bautismo no puede ser la misma que la de una persona no bautizada. La imitación de Cristo será la tarea fundamental en su vida.

Sin embargo, hay personas que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y procurar que toda su vida esté al servicio del Reino. Esto es lo que se llama en la Iglesia católica, la vida consagrada.

Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivado siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo creado para utilizarlo de forma que pueda dar mayor gloria a Dios. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotros mismos. Y por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos, representantes de Cristo para el alma consagrada.

Las personas consagradas a Dios pueden vivir su consagración de muy diversas formas y así vemos como a lo largo de la historia de la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas en el Asia Menor hasta los florecientes centros urbanos de nuestros días, la vida consagrada asume diversidad de formas. Las hay de aquellos que se dedican a la oración y a la contemplación en un lugar apartado de toda civilización. Hay quienes inmersos en el mundo, viven su consagración entre las más diversas actividades de la vida diaria.

La Virginidad Consagrada es una de las formas de vida consagrada más antigua dentro de la Iglesia católica. No debe confundirse con las órdenes religiosas femeninas, a pesar de que el título que el Derecho Canónico les da es el de “orden de las vírgenes”. El número 604 del Derecho Canónico dice lo siguiente al respecto de este tipo de vida consagrada: “A estas formas de vida consagrada se asemeja el orden de las vírgenes, que formulando el propósito santo de seguir más de cerca de Cristo son consagradas a Dios por el Obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios y se entregan al servicio de la Iglesia. Las vírgenes pueden asociarse, para cumplir su propósito con mayor fidelidad y para realizar mediante la ayuda mutua el servicio de la Iglesia congruente con su propio estado”.

Hemos subrayado las palabras que consideramos esenciales para entender este tipo de vida consagrada dentro de la Iglesia. El Derecho canónico establece que es una forma semejante a la vida consagrada, pero sin igualarlo. La razón es muy sencilla. Mientras que la vida consagrada comporta la profesión de los tres consejos evangélicos que son los votos de pobreza, castidad y obediencia, las mujeres que se consagran a Dios de acuerdo a este tipo de vida lo hacen sólo a través de su virginidad.

Aunque el Derecho Canónico llama orden a este tipo de vida consagrada –orden de las vírgenes-, no con esto quiere decir que se establecen como una orden religiosa femenina a semejanza de un instituto religioso (capuchinas benedictinas, clarisas, etc.). Utiliza la palabra “orden” en sustitución de grupo, clase o categoría.

No hacen un voto de virginidad como las religiosas o monjas sino que es un “propósito” equiparable a un voto, ya que hacen de la virginidad una forma de consagración.

Estas personas hacen de su vida dentro del mundo un testimonio vivo del amor de Dios a la humanidad, al dedicarse por entero al servicio de la Iglesia. Pueden elegir vivir en comunidad apara ayudarse mejor en la vivencia de su consagración, pero no es éste un requisito indispensable para esta forma de vida consagrada. Estas mujeres se dedican a la oración, la penitencia, el servicio a los hermanos y el trabajo apostólico según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una de ellas.

La fórmula de consagración se lleva a cabo mediante un rito especial llamado “Rito Solemne de Consagración de Vírgenes para Mujeres que Viven en el Mundo”, rito que el Papa Pablo VI decidió revitalizar y actualizar en 1970.

Este tipo de vida consagrada hunde sus raíces en los inicios del cristianismo. Cuando la virginidad de la mujer era un valor de libertad en una sociedad que sólo concebía para ella la vía del matrimonio, mujeres como las cuatro hijas del diácono Felipe, que eran vírgenes y profetizaban (Hechos de los Apóstoles 21, 8-10), portaban toda la novedad del mensaje evangélico.

Otras, desempeñaban ministerios en la primitiva comunidad como Febe, colaboradora del apóstol Pablo (Romanos 16, 1), a la cual éste presenta como «diaconisa», un término que literalmente significaba en griego servidora, y que no implicaba el orden sacerdotal. La Comisión Teológica Internacional está estudiando en estos momentos el papel que desempeñaban aquellas mujeres «diaconisas» en las primeras comunidades cristianas (Cf. La Comisión Teológica continúa analizando los problemas del diaconado).

En 1983, el nuevo Código de Derecho Canónico recogía la tradición y animaba a los obispos a promover este modo de compromiso en la Iglesia.

Referencias Electrónicas:
http://es.catholic.net/op/articulos/9397/cat/435/la-vida-consagrada.html
http://es.catholic.net/op/articulos/9399/las-vrgenes-consagradas.html

"La Samaritana, una Mujer dispuesta a entregar el Corazón"

La Samaritana                                         

La Iglesia, Madre y Maestra, nos invita a al encuentro personal con Cristo, a la conversión que nos hace resucitar a la vida nueva. El relato que meditaremos a continuación, es una muestra, de cómo Dios toca el corazón humano y lo transforma para la Eternidad. Año tras año los signos litúrgicos nos recuerdan que el Padre nos espera con los brazos abiertos, mostrándonos su misericordia y su perdón.

La Samaritana (Juan 4, 1 - 42 ) estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era como la hora sexta.

Vino una mujer de Samaria para sacar agua, y Jesús le dijo: --Dame de beber

Entonces la mujer samaritana le dijo: --¿Cómo es que Tú, siendo Judío, me pides de beber a Mí, siendo yo una mujer samaritana? --porque los Judíos no se tratan con los samaritanos--.

Respondió Jesús y le dijo: --Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", Tú le hubieras pedido a él, y él te Habría dado agua viva.

La mujer le dijo: --Señor, no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo. ¿De Dónde, pues, tienes el agua viva?

¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob quien nos dio este pozo y quien Bebió de él, y también sus hijos y su ganado?

Respondió Jesús y le dijo: --Todo el que bebe de esta agua Volverá a tener sed.

Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca Más Tendrá sed, sino que el agua que yo le daré Será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

La mujer le dijo: --Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla.

La Samaritana, nos ayuda a reconocer algunos aspectos importantes de la vida espiritual.  En principio, plantea que la vida espiritual se deriva de una relación cercana e íntima con Jesús, Dios y Hombre Verdadero.  Que demanda de cada persona cierta disponibilidad para vivir en comunión con él, a través de la oración, la soledad y el silencio.  Estas características marcan un estilo de vida, la Vida en el Espíritu, la extraordinaria y al mismo tiempo simple vivencia de la "Experiencia de Dios".  Que tradicionalmente se pensaba, como un evento espiritual circunscrito sólo a la Vida Consagrada o al Ministerio Sacerdotal, y que sin embargo, cuando sondeamos la vida de la Iglesia, y entramos en contacto con fieles de diversos trasfondos socioculturales o religiosos podemos apreciar, que en medio del Pueblo de Dios hay una variedad de hombres y mujeres de fe que con profunda convicción, están tratando con Dios, cara a cara, en lo cotidiano de sus vidas. 

Esta Mujer, La Samaritana, nos revela un secreto especial de Dios, que El se deja encontrar por nosotros, porque siempre está atento a sus  Hijos e Hijas, la creatura que formó en la palma de su mano.  Que el Creador ama a su creatura, y desea su salvación.  Que tanto nos ama Dios, que es capaz de entregar a su Hijo Jesucristo, para nuestra salvación. Que a través de El, podemos tomar el agua viva que salta hasta la eternidad.  La Samritana afirma en toda su realidad, que Dios está cerca del ser humano y que el ser humano, sin distinción de persona, puede estar muy cerca de Dios. Así como, resuena un himno religioso popular: "Tan Cerca de mí, Tan Cerca de mí, que hasta lo puedo tocar, Jesús Está Aquí".  En nososotros mismos, tan cerca, que habita en nuestro corazón, tan cerca que tiene rostro humano, la cara de cada Hijo e Hija de Dios, que es nuestro hermano, nuestra hermana. 

Exploremos un poco más la cercanía de Dios para con nosotros, veamos, el trato familiar y accesible entre Jesús y La Samaritana.  Atentos a sus acciones:
  • Cuestionar - Esta mujer consciente de su realidad social, cuestiona el interés de Jesús por ella y su atrevimiento a romper las reglas sociales para acercarse a Ella.  Se sorprende ante la acción de este Judío que se acerca para valorar su identidad, acogiendo su sencillez y su espontaneidad, aceptádola tal cual es.  Así como ocurre con cada uno de nosotros, Dios en su infinita misericordia y compasión nos acepta, porque sabe de qué barro estamos hechos. Aun conociendo nuestra verdadera identidad, se fia de nosotros para realizar su plan de amor, el plan de la salvación con el cual es posible continuar extendiendo El Reino.
  • Ella lo Vé y Jesús se deja VER.  Jesús está sentado en el brocal del pozo. No pasa inadvertido. Ella es capaz de reconocer a este hombre diferente y cree que es un Profeta.  Jesús se hace llamativo a nuestros ojos, su presencia silente, es evidente al alma.  En medio de la oscuridad del mundo, se hace luz radiante, Sol de Justicia, que todos pueden apreciar y disfrutar.
  • Interactúan - se lanzan a la aventura de la conversación.  Ella intercambia sus inquietudes, tal como Jesús nos invita cada día, a través de la oración, a presentar nuestra historia, nuestras curiosidades más intimas, para entrar confiadamente en un diálogo espiritual, desde nuestra humanidad.  Hablar con Dios, es orar con el corazón, ser capaz de transmitir los sentimientos mas profundos, los pensamientos mas remotos, que ya son conocidos por El, es abrir la puerta del corazón a Aquel que está hace rato llamando ~ ~ esperando, invitando ~ ~ confiando, es decir, amando.  Orar es entrar en el círculo de la confianza, que nos hace transparentes y  genuinos, tal como, es Jesús con nosotros.
  • Mientras avanza el diálogo, Ella, se pone en evidencia y  Jesús, se revela.  Ella revela su necesidad, Jesús, revela cuanto puede ofrecerle para saciar su vacío interior.  Dialogar íntimamente con el Señor, es una llamada a reconocer cuan  necesitados estamos de su amor y de su amistad.  La dinámica relacional entre Jesús y La Samaritana es un signo visible de la relación amistosa y amorosa que Dios quiere establecer con cada creatura, con cada ser humano, llamado por Dios para ser su Hijo e Hija.  La Samaritana es icono de amor, de respeto a la dignidad de cada ser humano, es encuentro de amor y al mismo tiempo llamado, dulce invitación a Ser Persona y Estar Atento a la Vida; convocados por Cristo para a servir y amar.  También, es icono del amor esponsal entre Dios y la Humanidad, amor matrimoniado, unión indisoluble que El Señor nos propone, para que seamos semejantes a El, a través de Cristo.  Que seamos capaces de unirnos a El en esta vida con el propósito de cumplir su voluntad y alcanzar la gracia plena, la felicidad perpetua.
  • Cántaro - vasija de barro, recipiente que se modela a mano, amasando la material prima, la tierra.  Tal cual, Dios, toma nuestra alma, nuestro corazón y lo moldea entre sus manos.  Memoria patente de que salimos del polvo, de la tierra, por pura iniciativa del amor de Dios.  Al mismo tiempo, el cántaro es símbolo de la vasija de nuestro corazón, presto a llenarse de Dios, vaciándose  de sí mismo.  Es una invitación a estar en apertura total a la acción del Espíritu y a la vida de la gracia, por la que somos santificados.  El cántaro, vasija de barro ovalada que nos recuerda el círculo de amor en el que fuimos creados por Dios, redimidos por la sangre de Cristo y santificados por la efusión de su Espíritu, para que seamos semejantes a El, santos e irreprochables por El AMOR.
¡ Bendito sea Jesucristo, que cansado por el camino, junto al brocal del pozo se sentó!

¡ Bendita sea La Samaritana, que con sencillez y humildad, desde su pobreza se acercó!

¡ Bendito sea Jesucristo, que sediento de almas puras, agua a esa Mujer le pidió!

¡ Bendita sea La Samritana, que entregando el cántaro de su corazón, la sed del Cristo sació!

¡ Bendito sea Jesucristo, que entregando su vida en la cruz, al rasgar su costado, nuestra sed aplacó y abrió para todos la fuente del agua viva que salta hasta la Eternidad!
 


Ivette Fontánez Ojea, OVC








QUE NOS DICE EL CATECISMO SOBRE LA VIDA CONSAGRADA Y EL ORDO VIRGINUM




QUE NOS DICE
EL CATECISMO SOBRE LA VIDA CONSAGRADA  

 

914      
"El estado de vida que consiste en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no  pertenezca a la estructura de la Iglesia, pertenece, sin embargo, sin discusión a su vida y a su santidad" (LG 44).

Consejos evangélicos, vida consagrada

915
Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicid ad a todos los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad a la cual son llamados todos los fieles implica, para quienes asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada, la obligación de practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia. La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la "vida consagrada" a Dios (cf. LG 42-43; PC 1).

916      
El estado de vida consagrada aparece por consiguiente como una de las maneras de vivir una consagración "más íntima" que tiene su raíz en el bautismo y se dedica totalmente a Dios (cf. PC 5). En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro (cf. CIC, can. 573).

Las vírgenes y las viudas consagradas
 
922      
Desde los tiempos apostólicos, vírgenes (Cf. 1 Co 7, 34-36) y viudas cristianas (Cf. Vita consecrata, 7) llamadas por el Señor para consagrarse a El enteramente (cf. 1 Co 7, 34-36) con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad o de castidad perpetua "a causa del Reino de los cielos" (Mt 19, 12).

923     
 "Formulando el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo, [las vírgenes] son consagradas a Dios por el Obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia" (CIC, can. 604, 1). Por medio este rito solemne ("Consecratio virginum", "Consagración de vírgenes"), "la virgen es constituida en persona consagrada" como "signo transcendente del amor de la Iglesia hacia Cristo, imagen escatológica de esta Esposa del Cielo y de la vida futura" (Ordo Cons. Virg., Praenot. 1).

924      
"Semejante a otras formas de vida consagrada" (CIC, can. 604), el orden de las vírgenes sitúa a la mujer que vive en el mundo (o a la monja) en el ejercicio de la oración, de la penitencia, del servicio a los hermanos y del trabajo apostólico, según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una (OCV., Praenot. 2). Las vírgenes consagradas pueden asociarse para guardar su propósito con mayor fidelidad (CIC, can. 604, 2).