miércoles, 19 de julio de 2017

Vocación... Llamada de Amor

 

La Vocación... Llamada de Amor

"Si me siento atraído por Jesús, si su voz calienta mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto dentro de mi el deseo del amor, de la verdad, de la vida, de la belleza... ¡Y Jesús es todo esto en plenitud!"    
Papa Francisco, 2013

La experiencia vocacional, es la vivencia de la fe de todo bautizado que consciente, del don recibido por el sacramento, es capaz de vivir dispuesto y disponible a escuchar la voz de Dios, aceptar el reto de hacer la voluntad del Padre cumpliendo sus mandatos, así como correspondiendo con generosidad a la misión encomendada -  "Ir por el mundo haciendo el bien".

El término vocación, proviene del latín vocatio y, para los cristianos, es la inspiración con que Dios llama a algún estado de vida consagrada. Es por esto que el concepto también se utiliza como sinónimo de llamamiento o convocación.  Considerando, esta definición, la primera frase de Papa Francisco, en la publicación CurasOnline 2013, sobre la vocación es fácilmente comprensible. Dios inspira el corazón de la humanidad, para que algunos, convocados de forma particular por obra y gracia del Espíritu Santo, "se sientan atraídos por Jesús", deseen conocerlo, amarle y servirle.

Y qué puede atraernos de El... - será su aspecto, será su voz, será su personalidad o sus obras, será su naturaleza o su identidad. La atracción es total, es fatal, imagínate, "Un Dios que se hace Hombre", "Hombre que al mismo tiempo es Dios".  Veamos el relato de Moises, en el Libro del Exodo (Cap. 3); Dios utiliza la zarza ardiente, para capturar en un abrir y cerrar de ojos toda la atención de Moises. Una vez queda conmovido por el hecho extraordinario e inusual "Una Zarza Ardiente, Que No Se Consume", está presto para escuchar la voz de Dios.  De inmediato, Dios le revela su nombre, Yo Soy El Que Soy. Manifiesta su cercanía con el Pueblo de Israel, dejandole saber a Moises que ha visto y escuchado el clamor de su pueblo. Entonces, en un acto de plena confianza invita a Moises a ser colaborador en la salvación de su pueblo.


Hoy el milagro de la Zarza Ardiente se repite, cada vez que alguien, escoge vivir la fe con mayor intensidad y radicalismo.  Todos por medio del bautismo fuimos incorporados a la vida de la gracia, para que por obra del Espiritu podamos vivir una vida dedicada a Dios, unida a El.  Aquellos que han sido llamados a vivir de forma particular algún estilo de vida consagrada, han sido cautivados por el fuego ardiente e inconsumible del amor de Dios, atraídos por la intensidad de la palabra de Cristo, convertidos a El pueden dejarlo todo para seguirle.  Una vez, van en pos de Cristo, entregan su vida para que otros descubran la verdadera alegría que llena sus corazones. Es por esto, que el Espíritu infunde en el corazón humano la urgencia de servir, de cuidar al Santo Pueblo de Dios, de ser custodios del alma unos de otros.   

Por otro lado, el motivo de nuestra atracción está centrado en la relación intima y cercana que Dios nos propone a través de Jesucristo.  Cada vez que acogemos en nuestro interior la voz de Dios y nos dejamos envolver en la gracia del Espíritu, entramos en un vínculo más cercano con El.  Bien nos dice la Carta de Pablo a los Romanos que: "Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado.  A los que de antemano conoció, también los predestinó a ser como su Hijo y semejantes a él, a fin de que sea el primogénito en medio de numerosos hermanos.  Así, pues, a los que él eligió, los llamó; a los que llamó, los hizo justos y santos; a los que hizo justos y santos, les da la Gloria".  Hemos sido creados y elegidos para ser imagen y semejanza de Dios, convocados por él para vivir en santidad.

Entonces, si la inspiración proviene de Dios, y Jesucristo es Dios y Hombre verdadero, El mismo, es el que estimula e impulsa, al ser humanao a seguirle. Solo entrando en contacto con Dios, podemos sentirnos atraídos por El.  En la vocación hay un juego de seducción entre Dios y Ser Humano;  Dios que se acerca, se hace evidente para que nos resulte intelectualmente llamativo, irrestible a nuestros sentidos y sentimientos cada vez que manifiesta su amor.  Cada vez que se acerca a cualquiera de su hijos, les revela su identidad, su naturaleza y su plan de salvación, es decir su deseo de amor.  Estar atentos a la llamada de Dios y responder con generosidad ante su solicitud, equivale a ser dóciles a la voluntad de Dios, aceptar que el cuenta con nosotros para que el plan de salvación se cumpla y la alianza perpetua de amor se renueve.   El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados (Romanos 8, 12ss). 

Llamados por el Amor, para vivir en el amor, Dios invita a cada uno a descubrir su propósito personal, ese proyecto de vida que unido al deseo de amor de Dios, nos conduce hacia la santidad. Ese es el misterio de la vocación, hayar la plenitud y la felicidad en Dios, en su amor y su misericordia.  Oremos para que cada día aumente el número de los fieles que con generosidad correspondan al llamado de Dios y vivan dignamente su vocación.


Espiritualidad, Vida, Obra y Misión


 
 
Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentra tu Dios contigo.

Isaías 61, 5
Espiritualidad, Vida, Obra y Misión
El Orden de las Vírgenes, es la forma de vida consagrada más antigua de la Iglesia, costumbre que se remonta a la Iglesia Primitiva.  Aunque en la edad media la consagración cayó desuso, en parte a causa de la Reforma  Protestante, la Sagrada Congregación  para  el  Culto  Divino promulgó en 1970 el nuevo rito litúrgico para la Consagración de Vírgenes, de valioso contenido espiritual; venerable por su origen antiguo, admirable por su edad y belleza. Está formado por mujeres seglares, que aún permaneciendo en el mundo quedan definitivamente “reservadas para Dios” con un vínculo virginal y nupcial, por medio de un propósito    irrevocable, sellado por un rito público, solemne y litúrgico.  A través de este rito,  la Iglesia demuestra su aprecio por la virginidad, implora gracias a favor de las vírgenes y espera un derramamiento de bendiciones que  hará de la virgen una esposa fecunda para la gloria de Dios. 
Es un estado de vida “canónico” en la Iglesia, es decir es de naturaleza jurídica, una de las cuatro formas de “Vida Consagrada” reconocidas por el Código de Derecho Canónico (C.I.C. 604) y definido dentro del apartado destinado a la Vida Consagrada en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, y en el documento de la Vida Consagrada del Papa Juan Pablo. (CIC, c. 604; CIC 922-924).  Es un grupo eclesial con características propias y bien definidas por eso es un “Ordo” es decir Orden. Las Vírgenes Consagradas “se desposan místicamente con Cristo, Hijo de Dios, y se entregan “dedicantur” al servicio de la Iglesia” (Cfr can. 604).

Vida y Obra Apostólica

1. Oración ~ rezo de la liturgia de las horas.

2. Servicio Pastoral ~ de acuerdo con los talentos y habilidades en  communion con el Obispo.

3. Trabajo diario según el oficio o profesión que realice.

4. Vida familiar  según esté constituido su grupo familiar.

Se recomienda la misa diaria, la adoración eucarística y la meditación bíblica como medios para cultivar su espiritualidad.

"Una Virgen Consagrada es Signo del Amor de Dios"

Vivirá el amor esponsal, que es total entrega y pertenencia a Jesús en cuerpo y alma. Se convertirá en signo trascendente del amor de la Iglesia hacia Cristo, prefigura escatológica de la Esposa celeste y de la vida futura. Es imagen de la Iglesia que invoca la venida del Señor: "El Espíritu y la esposa dicen: "¡Ven!" (Apocalipsis 22, 17).

Espiritualidad


Esponsal ~ Vivir en relación de amor matrimonial con Dios por medio de Cristo Esposo.


Litúrgica ~ vivir en actitud celebrativa a causa del misterio de Cristo que se contempla en el rezo de la Liturgia de las Horas y la Eucaristía.

Sacramental ~ disfrutar de los beneficios espirituales que se reciben en la confesión y la eucaristía, útiles para mantener la relación con Cristo.

Bíblica ~ estar a la escucha de la Palabra.

Eclesial ~ ser signo del amor Cristo por la Iglesia, participando activamente de la vida de la Iglesia.
 
Misión
 

Vivir el celibato y la castidad por el Reino con la ofrenda de su virginidad.

 
Configurarse con Cristo por medio de los consejos evangélicos.

 
Ejercer el ministerio sacerdotal de Cristo por a través del sacerdocio común de los fieles.  

 
Con la constante oración litúrgica se une a la plegaria universal de la Iglesia que intercede por las necesidades de todos los fieles, repara por los pecados y adora a Dios sobre todas las cosas.

 
Compromiso apostólico y laboral con el que atiende a los pobres ejerciendo las obras de misericordia.
 
Referencias:
 
Texto redactado por Ivette Fontánez Ojea: Opúsculo Orden de las Vírgenes, Concatedral Dulce Nombre de Jesús, Diócesis Fajardo Humacao.
 
Con la aportación de las publicaciones en Facebook de la Hna. Lucila Murillo Lanzas de Granada, Nicaragua.
 
Imágen Gráfica tomada de la página web Koinonía Diócesis de Morón: http://www.seguimoscaminando.org.ar/Koinonia/ofprensa2011/Koinonia07-10-2011.htm
 
               
 

 

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martes, 18 de julio de 2017


Voto de Obediencia, Voluntad Sometida Al Querer De Dios

            Obedecer es una experiencia humana que está presente en todas las instancias en donde hay una relación de poder y autoridad. Lo que supone una interacción entre un superior y un subordinado, quienes están en la disposición de comunicar un mandato, acogerlo y con los actos demostrar su ejecución. Desde la perspectiva del Vaticano II, "la obediencia religiosa debe cumplir dos propósitos fundamentales: servir a los demás  y alcanzar la madurez personal, hasta alcanzar la plenitud del ser humano tras la imitación de Cristo"[1].  Esto implica que existe una relación con Dios como ser supremo que comunica los mandatos y una libre determinación humana de cumplir su voluntad.  También, hay de manera implícita la disposición de querer escuchar la voz de Dios, de entrar en su misterio de amor.

            La obediencia nace de la libertad humana, porque requiere el esfuerzo consciente y determinado de asumir con responsabilidad y compromiso los retos de la propia vida.  Es la expresión vital de la dimensión trascendental del ser humano, quien a través de la razón y la fe, se adentra en un proceso de profundización e identificación de su ser, que encuentra su culmen en la unión con Dios[2]. En su raíz etimológica podemos encontrar una influencia del latín, del griego y del hebreo, que se sintetiza en la capacidad de saber escuchar, oír y escuchar con entendimiento para cumplir un mandato.  Se hace evidente la dimensión racional humana que entra en función del misterio divino que se revela, la libre de determinación de trascender a lo que se puede ver a simple vista, para entrar la dimensión fideísta de acoger como verdad revelada la voz de Dios.  Por otro lado, en esa relación con Dios, se reconoce el potencial de autonomía, propia del ser humano, que ha sido creado con capacidad cognitiva intelectual para asumir el proyecto de Dios a partir de su nivel de entendimiento. No se puede explicar la obediencia religiosa sin la experiencia de encuentro personal con la Fuente de la verdad y del valor, con el Dios que se ha encamado en Jesucristo[3].



            A partir del Concilio Vaticano II la obediencia ha tomado un giro distinto, enfocado en el ser humano, su dignidad y su naturaleza inherentemente libre. La libertad es un atributo irrenunciable del ser humano y el fundamento de su dignidad; renunciar a la libertad es negarse a sí mismo, abdicar de la propia vocación humana[4]. Entre todos los seres de la naturaleza sólo el hombre obedece, porque sólo él es libre[5] y puede comprometerse de manera responsable con los actos y acciones que definen su vida. Su capacidad para elegir lo dignifica porque proyecta su habilidad consciente de asumir la vida en función de determinados valores. Sin embargo, cuando se confunde la obediencia con un estado pasivo de sumisión o la aceptación autómata de ordenes se trastoca el significado más profundo del voto, como expresión de la vida y obra de Jesús sujeta a la paternidad de Dios.

            La obediencia cristiana ha de ser “activa y responsable” (cf. PC 14,43)[6], nos dignifica en la medida en que fortalece hace madurar a la persona en la libertad.  Por medio de ella la persona es capaz de utilizar su capacidad creadora en favor de los demás; hace posible que la persona esté accesible para el servicio humanitario. En la vida religiosa es el medio a través del cual, la persona consagrada está disponible para misión y las obras con las que se construye el Reino desde el carisma comunitario.  Se traduce en una voluntad firme para dominar el ansia de poder y de reconocimiento personal, para poder entrar en la onda del "nosotros", de la identidad comunitaria que proyecta la misión como un signo visible del seguimiento de Cristo.
            La vivencia del voto de obediencia está compuesta de una tensión hacia la autoridad divina que se impone y la voluntad humana que por amor se vuelve sumisa ante el querer de Dios. En la esfera comunitaria Superior y Religiosa(o) reflejan esa relación entre Dios y el ser humano, que debe estar caracterizada por el dialogo, la reflexión y la oración, con el fin de que se descubra la voluntad de Dios sobre la comunidad.


papa francisco valientes obediencia 


[1] Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Página 2.
[2] Matas, Ma. A. (2013) La obediencia como consejo evangélico en la vida consagrada. VERITAS, Nº 29 (Septiembre 2013) 219-249 Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-92732013000200010 [Fecha de Consulta: 9 de julio de 2017]
[3] ¿Fundamentos  Antropológicos De La Obediencia Religiosa? José M. Vegas, cmf. Página 9
[4] ¿Fundamentos  Antropológicos De La Obediencia Religiosa? José M. Vegas, cmf. Página 3
[5]Consejos evangélicos y realización humana: hacia una antropología de los votos. Página 2.
[6] Perectae Caritis 14, 43, según citado en "Una Obediencia en Libertad". Felisa Elizondo. Página 2

Imágenes tomadas de las siguientes fuentes en julio 2017
https://pbs.twimg.com/media/CWrau4nWEAAeAsH.jpg
https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/f6/61/25/f661253b27c441978e24ec2f683f3b8a.jpg
https://www.pildorasdefe.net/noticias/papa-francisco-valientes-obediencia-dialogo