martes, 18 de julio de 2017

 
Voto de Castidad, Promesa de Amor, Don de Entrega a Dios y al Prójimo

            La virginidad o el celibato por el Reino es una expresión de la capacidad que tiene el ser humano para amar.  Esta vivencia proyecta dos realidades básica en la persona la capacidad para estar en relación con los demás y la capacidad para expresar dicho potencial por medio de la sexualidad. El descubrimiento básico es del encuentro; somos “seres de encuentro”, vivimos como personas, nos desarrollamos y perfeccionamos como tales creando toda suerte de encuentros[1]. La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual[2]. Se considera una forma de vida, que aceptada libremente edifica la dignidad del ser humano.  Al mismo tiempo constituye una manera de servir a Dios, expresando públicamente el deseo de que el corazón humano le pertenezca sólo a Jesucristo.  Además, representa la disposición de entregar la vida por el Reino renunciando al deseo de perpetuarse en una familia.  Tal negación de sí mismo sólo puede comprenderse desde el paradigma de Cristo "Sequela Christi", quien vivió en dedicación total al Padre para que éste fuera conocido, amado y alabado por todos los seres humanos.  El voto de castidad puede hacerse vida en el seguimiento de Cristo, por Él somos capaces de superar la banalidad de los deseos y aspirar a un ideal más alto.

            La sexualidad se eleva por la castidad, al integrarla en un proyecto personal constructivo. Facilita la valoración del ser humano por su potencial relacional, afectivo, intelectual, volitivo y en lugar de solo reconocerlo como objeto instrumental de placer o gratificación. Cuando "se integra dentro de un proyecto integral de maduración humana en el amor: maduración de la persona como libre y creadora, abierta hacia los otros y dispuesta a realizarse en diálogo con Dios"[3].  La voluntad humana de asumir libremente la continencia del cuerpo, al encontrarse con el deseo ferviente de amor de Dios, se vuelve carisma. Don que se concede a quienes disponen todo su potencial humano a la obra transformadora del Espíritu. En la Vida Religiosa y Sacerdotal, el celibato brota de un profundo enamoramiento de Jesús y su causa que descentra a la persona y recompone la integridad de sus sistemas motivacionales y su auto-conciencia, incluida la conciencia de las propias necesidades[4].

            La capacidad relacional del ser humano proyecta al mismo tiempo su bondad.  En el amor casto se suscita un encuentro desinteresado, liberado del afán posesivo de dominación que se expresa por medio de la sexualidad. Quienes son capaces de relacionarse en castidad, buscan el mayor bien de la persona amada y expresan un grado loable de generosidad.  En esta perspectiva, se puede afirmar que el amor es donación plena de ser, que se manifiesta en la amistad.  El amor es « éxtasis », pero no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios[5]. El voto de castidad es promesa de amor que por la fe nos lanza hacia Dios y por el encuentro nos invita a la caridad fraterna. 

 


            La castidad es amor «agapé como denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella[6]».  No puede limitarse a evitar toda impureza, sino que debe estimular la unidad profunda con el Dios Amor y producir una modificación paulatina del carácter hacia aquellos valores que fundamentan la intimidad con Dios. Debe estimular el afán de desarrollar actitudes y acciones que aumenten el fervor de la caridad de manera que su propósito la santidad. La persona que vive el celibato debe cultivar "la generosidad, el desprendimiento, la abnegación, la entrega incondicional al bien[7]" y debe entrar en un camino de maduración humana que le permita vivir su afectividad plenamente.  La dedicación plena a Dios por medio del voto de castidad, debe dilatar el corazón humano hacia la caridad y la misericordia. El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres[8].  El voto de castidad purifica el corazón y libera el espíritu para que la persona pueda salir al encuentro del prójimo en un trato sereno, cercana.

            El Orden de las Vírgenes, es un medio para vivir el consejo evangélico de la castidad por el Reino.  Sin embargo, no constituye un voto como en el caso de las monjas y la religiosas.  Nos dice el Derecho Canónico 604 que las vírgenes consagradas constituye una «forma de vida consagrada, que se acerca a las demás, en las que algunas mujeres fieles emiten el santo propósito de seguir a Cristo más de cerca, en virginidad, y, consagradas por el Obispo diocesano conforme al aprobado Rito litúrgico, se dedican al servicio de la Iglesia[9]». San Ambrosio, en el Tratado de Vírgenes (Libro 1, cap. 3, afirmaba que  «la virgen consagra enteramente su pensamiento a Dios, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu, al revés de la casada, que por deberse al marido, tiene su conversación en el mundo y su amor en el esposo». Es una llamada del Señor, a consagrarse completamente a Él, que provoca una mayor libertad del cuerpo, el alma y el corazón para amar a Dios sobre todas las cosas y servir al prójimo.

            Las vírgenes consagradas, asumen por medio del rito de consagración, el "Santo Propósito" de seguir a Cristo más de cerca, en virginidad.  De acuerdo con la tradición patrística y monacal es un compromiso muy cercano al voto, por el que se abraza públicamente tal estado de virginidad y se es consagrada a Dios.  Tal como ocurre con el voto de castidad representa un compromiso voluntario, explícito y formal expresado ante la Iglesia y recibido por la Iglesia.  El santo propósito de virginidad consagrada es firme, eficaz, universal y perpetuo. El servicio que hacen a la Iglesia es el resultado de la penitencia inherente a la virginidad, las obras de misericordia, la actividad apostólica y la oración santa[10]. 
 



[1] El Sentido De La Castidad. Aproximación Antropológica.  Página 2. Autor: Alfonso López Quintás
[2] Catecismo de la Iglesia Católica # 2337
[3] El Sentido De La Castidad. Aproximación Antropológica.  Página 6 - 7. Autor: Alfonso López Quintás
[4] Menea, R. (2011) Sexualidad Y Celibato. Una Perspectiva Antropológica. Página 804 - 805.
[5] [5] Deus Caritas Est (2005) Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html [Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[6] Deus Caritas Est (2005) Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html [Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[7] El Sentido De La Castidad. Aproximación Antropológica.  Página 7. Autor: Alfonso López Quintás
[8] Deus Caritas Est (2005) Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html [Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[9] Canón 604 del Derecho Canónico (1983), según citado en el Directorio Ordo Virginum Diócesis De Querétaro.
[10] Comentario al Canon 604, según citado en el Directorio del Ordo Virginium Diocesis de Querato.
 
Imágenes tomadas de las siguientes fuentes en julio 2017:
 
 
https://debarim.files.wordpress.com/2014/06/corazc3b3n-indiviso.jpg?w=273
 

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