
Voto de Castidad, Promesa de Amor, Don de
Entrega a Dios y al Prójimo
La virginidad o el celibato por el
Reino es una expresión de la capacidad que tiene el ser humano para amar. Esta vivencia proyecta dos realidades básica
en la persona la capacidad para estar en relación con los demás y la capacidad
para expresar dicho potencial por medio de la sexualidad. El descubrimiento
básico es del encuentro; somos “seres de encuentro”, vivimos como personas, nos
desarrollamos y perfeccionamos como tales creando toda suerte de encuentros[1].
La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la
persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y
espiritual[2].
Se considera una forma de vida, que
aceptada libremente edifica la dignidad del ser humano. Al mismo tiempo constituye una manera de servir
a Dios, expresando públicamente el deseo de que el corazón humano le pertenezca
sólo a Jesucristo. Además, representa la
disposición de entregar la vida por el Reino renunciando al deseo de
perpetuarse en una familia. Tal negación
de sí mismo sólo puede comprenderse desde el paradigma de Cristo "Sequela
Christi", quien vivió en dedicación total al Padre para que éste fuera
conocido, amado y alabado por todos los seres humanos. El voto de castidad puede hacerse vida en el
seguimiento de Cristo, por Él somos capaces de superar la banalidad de los
deseos y aspirar a un ideal más alto.
La
sexualidad se eleva por la castidad, al integrarla en un proyecto personal constructivo.
Facilita la valoración del ser humano por su potencial relacional, afectivo,
intelectual, volitivo y en lugar de solo reconocerlo como objeto instrumental
de placer o gratificación. Cuando "se integra dentro de un proyecto
integral de maduración humana en el amor: maduración de la persona como libre y
creadora, abierta hacia los otros y dispuesta a realizarse en diálogo con
Dios"[3]. La voluntad humana de asumir libremente la
continencia del cuerpo, al encontrarse con el deseo ferviente de amor de Dios,
se vuelve carisma. Don que se concede a quienes disponen todo su potencial
humano a la obra transformadora del Espíritu. En la Vida Religiosa y
Sacerdotal, el celibato brota de un profundo enamoramiento de Jesús y su causa que
descentra a la persona y recompone la integridad de sus sistemas motivacionales
y su auto-conciencia, incluida la conciencia de las propias necesidades[4].
La
capacidad relacional del ser humano proyecta al mismo tiempo su bondad. En el amor casto se suscita un encuentro
desinteresado, liberado del afán posesivo de dominación que se expresa por
medio de la sexualidad. Quienes son capaces de relacionarse en castidad, buscan
el mayor bien de la persona amada y expresan un grado loable de
generosidad. En esta perspectiva, se
puede afirmar que el amor es donación plena de ser, que se manifiesta en la
amistad. El amor es « éxtasis », pero no en el sentido de
arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado
en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este
modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de
Dios[5]. El
voto de castidad es promesa de amor que por la fe nos lanza hacia Dios y por el
encuentro nos invita a la caridad fraterna.
La
castidad es amor «agapé como
denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella[6]».
No puede limitarse a evitar toda
impureza, sino que debe estimular la unidad profunda con el Dios Amor y
producir una modificación paulatina del carácter hacia aquellos valores que
fundamentan la intimidad con Dios. Debe estimular el afán de desarrollar
actitudes y acciones que aumenten el fervor de la caridad de manera que su
propósito la santidad. La persona que vive el celibato debe cultivar "la
generosidad, el desprendimiento, la abnegación, la entrega incondicional al
bien[7]"
y debe entrar en un camino de maduración humana que le permita vivir su
afectividad plenamente. La dedicación
plena a Dios por medio del voto de castidad, debe dilatar el corazón humano
hacia la caridad y la misericordia. El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender
constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los
hombres[8]. El voto de castidad purifica el corazón y
libera el espíritu para que la persona pueda salir al encuentro del prójimo en
un trato sereno, cercana.
El
Orden de las Vírgenes, es un
medio para vivir el consejo evangélico de la castidad por el Reino. Sin embargo, no constituye un voto como en el
caso de las monjas y la religiosas. Nos
dice el Derecho Canónico 604 que las vírgenes consagradas constituye una «forma
de vida consagrada, que se acerca a las demás, en las que algunas mujeres
fieles emiten el santo propósito de seguir a Cristo más de cerca, en
virginidad, y, consagradas por el Obispo diocesano conforme al aprobado Rito
litúrgico, se dedican al servicio de la Iglesia[9]».
San Ambrosio, en el Tratado de Vírgenes (Libro 1, cap. 3, afirmaba que «la virgen consagra enteramente su pensamiento
a Dios, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu, al revés de la casada,
que por deberse al marido, tiene su conversación en el mundo y su amor en el
esposo». Es una llamada del Señor, a consagrarse completamente a Él, que
provoca una mayor libertad del cuerpo, el alma y el corazón para amar a Dios
sobre todas las cosas y servir al prójimo.
Las
vírgenes consagradas, asumen por medio del rito de consagración, el "Santo
Propósito" de seguir a Cristo más de cerca, en virginidad. De acuerdo con la tradición patrística y
monacal es un compromiso muy cercano al voto, por el que se abraza públicamente
tal estado de virginidad y se es consagrada a Dios. Tal como ocurre con el voto de castidad
representa un compromiso voluntario, explícito y formal expresado ante la
Iglesia y recibido por la Iglesia. El
santo propósito de virginidad consagrada es firme, eficaz, universal y
perpetuo. El servicio que hacen a la Iglesia es el resultado de la penitencia
inherente a la virginidad, las obras de misericordia, la actividad apostólica y
la oración santa[10].

[1] El Sentido De La Castidad.
Aproximación Antropológica. Página 2.
Autor: Alfonso López Quintás
[2] Catecismo de la Iglesia Católica
# 2337
[3] El Sentido De La Castidad.
Aproximación Antropológica. Página 6 -
7. Autor: Alfonso López Quintás
[4] Menea, R. (2011) Sexualidad
Y Celibato. Una Perspectiva Antropológica. Página 804 - 805.
[5] [5] Deus Caritas Est (2005)
Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html
[Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[6] Deus Caritas Est (2005)
Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html
[Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[7] El Sentido De La Castidad.
Aproximación Antropológica. Página 7.
Autor: Alfonso López Quintás
[8] Deus Caritas Est (2005)
Benedicto XVI. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html
[Fecha de Consulta: 4 de julio de 2017]
[9] Canón 604 del Derecho
Canónico (1983), según citado en el Directorio Ordo Virginum Diócesis De
Querétaro.
[10] Comentario al Canon 604,
según citado en el Directorio del Ordo Virginium Diocesis de Querato.
Imágenes tomadas de las siguientes fuentes en julio 2017:
https://debarim.files.wordpress.com/2014/06/corazc3b3n-indiviso.jpg?w=273
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