domingo, 27 de marzo de 2016

Vírgenes Consagradas y Los Padres de la Iglesia

Consagración Virginal Ivette Fontánez Ojea
19 de mayo de 2012
Concatedral Dulce Nombre de Jesús




Vocación
La vocación a la virginidad consagrada, ha existido desde los primeros siglos y forma parte de la Tradición. Desde la primera generación cristiana, ha habido mujeres que han consagrado su virginidad al Señor Jesús: las cuatro hijas de Felipe en los Hechos de los Apóstoles, dan testimonio de ello (21,8-9). En los siglos siguientes y hasta el siglo IV, en el que se organizó la vida religiosa en comunidad, e incluso, más adelante, coexistiendo las dos formas de consagración por algún tiempo, mujeres que continuaban llevando su vida en el mundo, consagraban su virginidad al Señor Jesús.  

Referencia a los Padres
No hay que subestimar la dimensión histórica de esta vocación, que presenta otro aspecto: la referencia a los Padres de la Iglesia.  En efecto, cuando se quiere estar seguro sobre la manera de considerar esta vocación, hay que apelar a ellos.  Los Padres vuelven, actualmente, al orden del día, para el mayor bien de los cristianos y de otros hombres, como lo destacaba el cardenal Henri De Lubac, S.J.: "Cada vez que ha florecido una renovación cristiana en nuestro Occidente, tanto en el orden del pensamiento como en el de la vida (y los dos órdenes están siempre unidos), ha florecido bajo el signo de los Padres".  Las vírgenes consagradas pueden, pues, enorgullecerse de situarse en la órbita de los Padres. Ellas encontrarán en ellos, en particular, una referencia segura sobre lo que concierne a la comprensión de la virginidad física, que no debería ser descuidada y que una antropología moderna ilumina, además, con un día nuevo.

 Con los Obispos
Por añadidura, las vírgenes consagradas aprenderán en los Padres que, desde los orígenes, la consagración de las vírgenes sólo puede ser conferida por el obispo y que el lazo que las une a éste es de orden teológico y canónico y, por consiguiente, primordial.
 Los Padres
Los Padres de la Iglesia ensalzaron la virginidad con notable insistencia y unanimidad; frecuentemente sus tratados celebran la excelencia de la virginidad o la defienden de los ataques denigratorios de los herejes. Destacan San Cipriano, San Agustín, San Basilio, San Jerónimo, San Ambrosio, Tertuliano, San Justino...
Sus motivos, expuestos a veces en tono exaltado, en reacción contra los ataques o en compensación de las alabanzas que otros tributaban al matrimonio, son numerosos. Y siempre de una espiritualidad que apunta a realizar la unión sublime de las almas con Dios..., con plena disponibilidad apostólica, no sólo por la indivisión del corazón, sino porque el alma se puede entregar de lleno a la causa del Evangelio.

Virginidad y matrimonio
"La virginidad, no es para ser mandada, sino aconsejada y deseada, como cosa que sobrepuja las fuerzas humanas y puede ser objeto de voto, pero no materia de precepto..., la virgen consagra enteramente su pensamiento a Dios, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu, al revés de la casada, que por deberse al marido, tiene su conversación en el mundo y su amor en el esposo. No digo esto en menoscabo del matrimonio, sino a gloria de la virginidad, cuyo estado es más excelente que el de los casados" (San Ambrosio de Milán, 337-397).

Escrito por: Raúl Sánchez (6 marzo 2015). Tomado de: http://notidiocesis.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3512:virgenes-consagradas-y-los-padres-de-la-iglesia&catid=54:ano-de-la-vida-consagrada&Itemid=86
-Fuentes: www.mercaba.org, Gran Enciclopedia RIALP.