martes, 17 de mayo de 2016

Mujer Trabajadora


La Espiritualidad de la Mujer Trabajadora
Ponencia dictada para Casa La Bondad – Humacao                     13 de marzo de 2012

 Las organizadoras de este conversatorio me pidieron que tomara a RUT como modelo bíblico de MUJER TRABAJADORA.  Inmediatamente, recordé el testimonio de sencillez, humildad, desprendimiento y servicio desinteresado que LA PALABRA nos demuestra a través del ejemplo de Rut.

 ACTITUD DE SIERVA – ACTITUD DE SERVICIO 
    
Actitud de Sierva – el siervo es aquella persona que cede su voluntad ante la autoridad de otra.  En nuestra sociedad PR, esa actitud ha sido aprovechada para maltratar y dañar aquellos que con sencillez y humildad se someten.  Sin embargo, en el plano espiritual y relacional con Dios, la actitud de siervo es la condición inherente, de la mujer y el hombre de fe que reconoce a Dios como centro de su vida, le sirve con generosidad y acepta en su corazón sus preceptos y mandamientos.
Rut en su disposición para dejarlo todo (país y religión) y aceptar al “Dios de Israel”, v.16 – “…tu pueblo es mi pueblo y tu Dios es mi Dios”, nos demuestra el nivel de desprendimiento y generosidad que debemos tener ante el Dios del Amor y de la Vida… El Dios de Israel, que es el Creador, el Papá Bueno.

Actitud de Servicio
Es la disposición interior de ofrecerse a sí misma, que una persona demuestra, cuando a través de una actividad específica le hace bien, a cualquier otra persona que recibe el servicio.
Rut  al permanecer con su suegra Noemí, luego de la muerte de su marido, entra en una dimensión de servicio peculiar y no esperada en esa época.  Rut y Noemí, ambas quedan viudas y la tradición cultural recomendaba que Noemí despidiera a Rut, para que regresara a la casa paterna, primero porque no era Israelita y segundo porque no había otro pariente inmediato que pagara su rescate en Moab. Cuando Noemi decide marcharse sola a Belén, RUT permanece fiel, decide irse con ella para cuidarla en la vejez.
Dos viudas una joven y otra vieja; la joven consciente de su deber, en un gesto puro de amistad, decide hacer por la otra, decide darse.
El nombre de Rut, precisamente significa eso, AMIGA  - aquella que apoya y acompaña.

Los amigos verdaderos son custodio del alma, cuando asumen la amistad reconociendo que esta es la expresión más pura del amor. Están dispuestos a donarse, para que los amigos reciban lo mejor de sí. Tal cual hizo Rut, ya no quedaba una relación consanguínea mediante el matrimonio con el hijo de Noemí, sin embargo en un gesto amistoso de amor fraterno se dona. Así son las verdaderas amigas se donan… ofrecen APOYO, ACOMPAÑAMIENTO Y AYUDA. 

La Espiritualidad de la Mujer Trabajadora, nace de los sentimientos más nobles que el corazón de la mujer alberga, hacia sí misma, hacia los demás y hacia Dios.

Hacia Sí Misma – cada mujer tiene la capacidad de descubrir que el Espíritu Santo capacita su Alma para que experimente, el dinamismo natural del Espíritu y la fuerza que sale de corazón de Dios, mediante la cual se puede vivir como Hija Muy Amada de Dios.

Hacia los Demás – Saberse amada y amado por Dios inevitablemente sensibiliza al ser humano ante las necesidades de los demás, brota del corazón el genuino deseo de amar a todos con CORAZON ENTERO y la solidaridad necesaria para acoger a aquellos que sufren y necesitan ayuda – apoyo. 

Hacia Dios – cada mujer llena fe al reconocerse Hija Amada de Dios, entra en una experiencia de comunión con el Creador, que se facilita mediante la oración y la meditación continua. Escuchar La Palabra de Dios contenida en la Biblia – contemplar las proezas de Dios, para Orar desde la Vida Misma – en la realidad concreta, en medio de las situaciones ordinarias poder ver mas allá, poder ver al Eterno tan cerca de cada una de nosotras, protegiéndonos, asistiéndonos con su providencia, amándonos con extraordinaria fidelidad… si no fuera así dejaría de ser Dios, Todo Amor, Todo Fidelidad, Todo Generosidad, Todo Sabiduría, Todo Providencia.  Entonces saberse amada y amado por Dios nos mueve simplemente a tratar con confianza amistosa, con Aquel que sabemos nos ama.

Rut se da toda a Noemí, para servirle en la viudez, Noemí acoge a Rut como fiel compañera en el viaje de la Vida. Noemí confía en la bondad de Booz y en su capacidad para acoger, servir y ser solidario;  y Rut sencillamente se abandona, a los pies de Booz, con la certeza de que su entrega total seria fielmente correspondida.

Servicio, Confiaza, Abandono Espiritual, Sencillez, Humildad – Puro Amor, actitud de la mujer trabajadora cristiana que opta primero por DIOS sobre toda las cosas y luego por el prójimo, así como opta por su propio bienestar.  Finalmente, la espiritualidad de la mujer trabajadora, debe estar centrada en la bondad de su corazón, mujer de fe que se rinde – se somete al deseo del corazón de Dios, para convertirse en Sierva de Dios.  Su verdadera libertad es la propia opción de ser sierva.  Cada una busca ser fiel a si misma, a los seres queridos, a la profesión o la comunidad; sin embargo la fidelidad plena se manifiesta cuando se mantiene firme a la verdad, a la vida, a la esperanza y al amor.  Si esta es la medida de su fidelidad y de su generosidad, entonces será altamente destacada, no por sus propias ejecutorias, sino porque es Dios mismo quien actúa a través de ella, por que habita en su corazón.



San Patricio, Obispo


San Patricio
La Coraza de San Patricio

Cristo conmigo, Cristo ante mí,
Cristo tras de mí, Cristo en mí,
Cristo bajo mí, Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto, Cristo cuando me siento,
Cristo, cuando me levanto
Cristo, en el corazón de todo hombre
que piensa en mí
Cristo, en la boca de todo hombre
que hable de mí
Cristo, en todo ojo que me ve
Cristo, en todo oído que me escucha.
¡San Patricio…ruega por nosotros!

Jornada Mundial del Enfermo 2011 - Predicación en Humacao, P.R.





Jornada Mundial del Enfermo 2011
“El Enfermo Misionero Fuerza Vital de la Misión”
Por sus llagas habéis sido curados” (1Pe 2,24)

Isaías 53: 2-6: "No tenía apariencia ni presencia… Varón de dolores y sabedor del sufrimiento... Soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros dolores...traspasado por nuestras iniquidades… Molido por nuestros pecados... soportó el castigo que nos trae la paz... y por sus llagas hemos sido sanados".

Hoy nos reunimos aquí, con el propósito de reflexionar sobre la naturaleza del dolor, del sufrimiento humano y cómo el ofrecimiento de nuestras penas y pesares nos acercan al amable corazón de Cristo.  La hermana Adela Galindo, (Madre Fundadora de la Comunidad de las Siervas de los Corazones  Traspasados de Jesús y María) nos exhorta a comprender que en el texto Isaias 53: 2 – 6  se nos invita a contemplar el sufrimiento como medio de revelación del amor divino: amor que es salvífico: "cargó con nuestros pecados"..."soportó nuestros sufrimientos"... "traspasado por nuestras iniquidades". Revela el amor divino, que siempre salva, siempre libera y redime. Es el amor que se da hasta el extremo "sin escatimar en nada" (palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita).  El amor es, por lo tanto, la fuente más rica para entender el sentido del sufrimiento, que siempre es un misterio. Para descubrir este misterio, a la medida posible, debemos contemplar la Cruz de Cristo: el amor salvífico de Cristo que por sus llagas hemos sido sanados."La cruz de Cristo --la pasión-- arroja una luz completamente nueva sobre este misterio, dando otro sentido al sufrimiento humano en general" (Juan Pablo II, 1988). O sea, que para tratar de leer el misterio del sufrimiento, debemos desde la Cruz de Cristo, leerlo desde el lenguaje del amor.

Él Jesucristo, el Santo Varón de Dolores, quien experimentó en su cuerpo mortal toda clase de sufrimientos: dolor emocional ante la pérdida de seres queridos como Lázaro, frustración y profunda pena ante la decepción que le produjo el abandono de aquellos a quienes más amó, la impotencia de no poder escapar de la voluntad divina en el Huerto cuando su Amado Padre le exigía la entrega total – la entrega de sí mismo – el dolor físico tras las agresiones de la flagelación, la desesperación de ver a su querida madre sufrir amargamente sin poder evitarlo mientras recorrían juntos el Vía Crucis o la gran noche oscura de la Cruz, en donde afirmó sentirse abandonado por Dios.  Nos invita a hacernos uno con El, asumiendo el sufrimiento, desde nuestra vocación laical y que el bautismo nos concede a través del sacerdocio de Cristo – siendo profetas (anunciando y denunciando el dolor de los pobres), sacerdotes (ofreciendo ofrendas y sacrificios por los pecados del pueblo y por los propios) y reyes (curiosamente el reinado de Cristo no es como los reinados del mundo en donde se obtienen beneficios de los súbditos, nuestro reinado es uno de servicio y de amor, a imagen de Cristo entregarnos completamente en solidaridad y fraternidad).  Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento (dice la Carta a los Hebreos), puede ayudar a los que se ven probados (Hebreos 2, 18).  Jesús al asumir nuestra condición humana, expresó un gesto solidario del amor de Dios que se manifiesta en su persona, para que nosotros vivamos esa misma dimensión de amor con los hermanos.  Ejemplo de ese acto de solidaridad comienza con su bautismo en el Río Jordán, sabemos que no era necesario que Jesús se sometiera obedientemente, al bautismo promovido por Juan.  Si hacemos memoria de Juan El Bautista, todo el tiempo invita a sus discípulos al arrepentimiento y a la conversión – al cambio de vida; Jesús siendo verdadero Dios y verdadero Hombre, menos en el pecado, no necesitaba arrepentirse de nada, no necesitaba la conversión.  Sin embargo, era necesario que padeciera para que su gloria se manifestara, en el Jordán, tanto como en el Monte Tabor en la Transfiguración, así como en el Gólgota.  Para deleitarnos en la gloria de la Resurrección, es necesario someternos con voluntad firme y confianza en Dios a las inmundicias de esta vida mortal – a la Pasión y Cruz de lo cotidiano, para contemplar desde el sufrimiento todos los favores que el Señor nos tiene reservados.  Para poder contemplar sin velos en el rostro los favores que el Señor manifiesta a su pueblo, a través de sus Santas Llagas.  Bien decía San Veda, El Venerable Presbítero, al meditar sobre el Magníficat…    Proclama mi alma la grandeza del Señor. Sin duda que sólo aquel en quien el Poderoso hace obras grandes sabrá proclamar dignamente la grandeza del Señor y podrá exhortar a los que, como él, se sienten enriquecidos por Dios, diciendo: Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.

Aceptar la invitación de unir nuestros sufrimientos a los de Cristo, como dice San Pablo, para completar en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo.  Implica que nuestra unión a Cristo a través de nuestro dolor, nos convierte a cada uno en participantes activos del Plan de Salvación, en la Redención que se manifestó en la cruz y que se extiende hasta nuestros días.  Asumir nuestra misión sacerdotal es vivir como Cristo vive frente a nuestro Padre – Dios intercediendo y reparando por nuestros pecados y por lo del mundo entero.  Como dice la Carta a los Hebreos: “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y es establecido para ser representante ante Dios. Le corresponde presentar a Dios ofrendas y victimas por el pecado y es capaza de comprender a los ignorantes y extraviados porque el también tiene sus debilidades.
   
Mientras me preparaba para esta reunión, me preguntaba si estábamos conscientes del significado de la palabra sufrimiento.  Me di a la tarea de buscar algunas definiciones, comenzando por la naturaleza fisiológica del dolor para luego poder entrar en la dimensión subjetiva de la experiencia individual.  Es decir, que podemos definir el sufrimiento o dolor como una sensación motivada por cualquier condición que someta al sistema nervioso al desgaste. El sufrimiento, como cualquier otra sensación, puede ser consciente o inconsciente. Cuando se manifiesta de forma consciente lo hace en forma de dolor o infelicidad, cuando es inconsciente se traduce en agotamiento o cansancio.  Esto implica que cuando estamos sometidos a un estado de malestar psíquico nuestro cuerpo y nuestra mente reciben el impacto de esa experiencia.  Aun mas, cuanto más fuerte o difícil es la experiencia, la memoria de dolor queda profundamente grabada en nuestro cerebro ocasionando cambios significativos en el estado de ánimo.  La mayoría de las veces los cambios emocionales, el desgaste emocional y espiritual que un enfermo experimenta, está asociado al descontrol que produce en su vida la enfermedad.  Descontrol porque nuestra mente racional lo quiere saber todo, lo quiere dominar todo, porque nuestra naturaleza humana siempre nos conduce a evitar el dolor, a buscar un aliciente que mantenga la sensación de placer y bienestar que nos indica que todo va bien que nuestras vidas está en orden.  Así mismo entendemos con mente estrecha a Dios, creemos que Dios es Bueno solo cuando nos da lo que creemos que merecemos, cuando responde a todas nuestras peticiones.  Por el contrario cuando entendemos que Dios ha permanecido en silencio ante nuestros reclamos, cuando creemos que se ha olvidado de nosotros o cuando no nos escucha, este Dios no tiene sentido y hace cosas sin sentido, nos desmoralizamos y nos sentimos abandonados por Dios.  De ahí que tu rol como misionero acompañante o visitante de enfermos es una experiencia polifacética (bien variada) salimos al encuentro del enfermo y quizás su malestar físico deteriora el cuerpo, pero más profundamente deteriora el alma.  Tu Misionero Visitante de Enfermos, eres el rostro Fiel de Dios, que con tu presencia le manifiestas al hermano enfermo, las mismas palabras que Dios le ha manifestado al ser humano cada vez que sale a su encuentro, las mismas que el profeta Isaías expresó… “No temas, porque yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre, tú me perteneces… porque tú vales mucho a mis ojos, yo te aprecio y te amo mucho… No temas, pues, ya que yo estoy contigo.  Yo les invito también a que guíen y alienten a los enfermos a descubrir como ellos mediante su dolor han entrado en la escuela del sacrificio, su ofrecimiento como reparación por el bien de la humanidad, de la Iglesia, de sí mismos. La Santísima Virgen, suele formar a almas particularmente elegidas para ser iconos más visibles de Cristo Crucificado. Esta es la "escuela del sacrificio y del dolor" (expresión del P. Pío). Juan Pablo II decía que esta Escuela lo formó a ser un hombre austero, sensible al dolor, despojado desde muy pequeño de todos los apoyos y apegos humanos, para crecer así en total confianza en Dios y en María Santísima. Todo esto, además, aumentado por los grandes sufrimientos del pueblo Polaco, que por 200 años fue un pueblo víctima de alguna ocupación, opresión, guerra, abandono, falta de libertad en todos los aspectos, incluso o de religión. 

 Por estar tan consciente de que su vocación es fruto del sufrimiento de muchos, nos diría el 11 de Febrero del 2000, en el Jubileo de los enfermos: "Queridos hermanos y hermanas que sufren, tenemos con ustedes una gran deuda. La Iglesia tiene con ustedes una gran deuda. También el Papa la tiene". Con esto quería enfatizar un mensaje muy cercano a su corazón, y que a través de su pontificado, dirigió  incesantemente a toda la humanidad: "el sufrimiento, junto con sus oraciones, son una fuerza poderosa de gracia y salvación para la Iglesia Universal." 
La compañía, el afecto, la oración y la escucha silenciosa de aquellos discípulos misioneros que acogen al enfermo es vital para lograr un sistema de apoyo que produzca un balance emocional y un estado de alivio… como dice la Palabra en diferentes salmos o lecturas del evangelio un bálsamo de paz.  Porque eso es Cristo para el enfermo un bálsamo sanador que alivia, que fortalece, que consuela… El es el Príncipe de la Paz, que viene a traernos la Paz.  

Decía María Teresa de Calcuta: “Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él”.  Sabias palabras de esta santa hermana, pienso que podía decirlas porque experimentó muchas veces el dolor de la incomprensión de muchos, que no entendían que el amor a Dios y su fidelidad como esposa de Cristo, la impulsaba siempre a vencer sus limitaciones, para ir en busca de los más pobres de Calcuta y servirles.  Cuantos santos y santas han llenado de gloria nuestra Iglesia con su testimonio de entrega total, imitando a Jesús el Santo servidor de todos.  Para ser solidario y empático con aquellos que sufren no es necesario pasar por las mismas experiencias, sin embargo, aquellos que han contemplado el rostro providente de Dios, puede con justa razón alentar y estimular mediante su testimonio, que en medio del dolor no hay nada que temer porque Dios está con nosotros.  Hermanos y Hnas, las experiencias dolorosas de pérdida, decepción y de angustia que hemos vivido nos capacitan para enriquecer a otros.  Siempre que dicha experiencia nos haya dirigido al encuentro íntimo con Dios en lugar de renegar de su presencia y alejarnos de Él en medio de la adversidad. En el Vaticano II encontramos la siguiente exhortación: una sociedad que no consigue aceptar a los que sufren y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a hacer que el sufrimiento sea compartido y llevada también interiormente es una sociedad cruel e inhumana” (Carta enc. Spe salvi, 38).  Sera que nosotros con nuestros modernismos nos hemos convertido en esa sociedad cruel e inhumana, desconectada de todos, creyendo falsamente que solos podemos más que apoyándonos mutuamente.  Esa misma crueldad en ocasiones no es otra cosa que nuestra incompetencia para aceptar nuestras limitaciones porque al ver el dolor de los hermanos podemos con facilidad contemplar el dolor propio y cuan vulnerables somos.  Acompañar y contemplar al enfermo es como contemplar a Cristo, el Siervo doliente colgando de la cruz o en su mortaja como medita nuestro Santo Padre Benedicto XVI en el Mensaje publicado con motivo de esta jornada dice: contemplarlo es una invitación a reflexionar sobre lo que escribe san Pedro: “Por sus llagas habéis sido curados” (1Pe 2,24). El Hijo de Dios sufrió, murió, pero ha resucitado, y precisamente por esto esas llagas se convierten en el signo de nuestra redención, del perdón y de la reconciliación con el Padre; se convierten también, sin embargo, en un banco de prueba para la fe de los discípulos y para nuestra fe: cada vez que el Señor habla de su pasión y muerte, ellos no comprenden, rechazan, se oponen. Para ellos, como para nosotros, el sufrimiento permanece siempre lleno de misterio, difícil de aceptar y de llevar. Los dos discípulos de Emaús caminan tristes por los acontecimientos sucedidos aquellos días en Jerusalén, y sólo cuando el Resucitado recorre el camino con ellos, se abren a una visión nueva (cfr Lc 24,13-31). También al apóstol Tomás le cuesta creer en la vía de la pasión redentora: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré” (Jn 20,25). Pero frente a Cristo que muestra sus llagas, su respuesta se transforma en una conmovedora profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28). Lo que antes era un obstáculo insuperable, porque era signo del aparente fracaso de Jesús, se convierte, en el encuentro con el Resucitado, en la prueba de un amor victorioso: “Sólo un Dios que nos ama hasta tomar sobre sí nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el inocente, es digno de fe” (Mensaje Urbi et Orbi, Pascua 2007).
Además, yo le invito a sentirse impulsados por las palabras del Profeta Isaías en el capítulo 61, reconozcan que ustedes también han sido llamados por Dios ungidos por él para sanar, para liberar a los más pobres. 

El espíritu del Señor Yaveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yaveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar el año de gracia de Yaveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia, plantación de Yaveh para manifestar su gloria.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el Principio, Ahora y Siempre
Por los siglos de los siglos. Amen