Virginidad Consagrada
Sacramento de la Misericordia Divina
El acto de
consagración virginal celebrado en ceremonia pública, produce en la vida diaria
y espiritual de cada candidata frutos de misericordia que se manifiestan en
obras de bien. Cada una, según los carismas y dones que el Espíritu le
concede, está invitada por medio de la profesión a servir al Santo Pueblo de
Dios.
Cada vez que
actúa en favor de la Iglesia, de su familia o de la comunidad civil coopera con
el plan de salvación y se ofrece a sí misma, como instrumento de misericordia
para extender el Reino de Dios en los medios temporales en los que se
desenvuelve. San Juan Pablo II, nos exhortaba en la carta apostólica Vita
Consecrata, a vivir la entrega alegre y gozosa de toda la persona al Señor,
y a su Reino por encima de toda ley o precepto. Porque, es en la donación
de sí misma, que encuentra su plenitud y el proyecto de vida personal que la
conduce a la santidad. En su estado laical, la Virgen Consagrada, ilumina con
la luz de Cristo al mundo que le rodea, sirviendo al prójimo, en el medio
familiar, parroquial o social. Esa luz que recibió por los sacramentos de
iniciación cristiana y que el día de la consagración virginal alcanzó plenitud
al encender su lámpara, como signo visible del llamado recibido: "Iluminar
las tinieblas del mundo, con la luz admirable de Cristo Esposo, a quien se unió
de manera mística en estado esponsal".
En el
servicio a los hermanos y hermanas, muestra su disposición a vivir la
maternidad espiritual que Dios le concede mediante el desposorio místico. Ellas, disponible como María, Madre de Dios, que lo
acogió, cuidó y custodió en el seno materno, es capaz de prestar ayuda
espiritual o material conforme a las necesidades que se presentan. Su
ministerio, adquiere así una dimensión materno filial, que alcanza a los hijos
e hijas que por la fe y la obra pastoral, Dios le confía. El anuncio actual
del evangelio, acerca a cada Virgen Consagrada a incontable número de fieles,
que encuentran en su vida y testimonio un espacio seguro de comunión con la
Iglesia y una oportunidad para vivir la fe en Cristo, a través de la oración,
la escucha de la Palabra o de las buenas obras.
La Virgen
Consagrada, ungida por el Espíritu sale al encuentro de los pobres de Dios,
porque ella en su pobreza interior y humildad, ha quedado preñada de Dios por
el desposorio místico. Es el mismo Espíritu quien la impulsa y estimula a
parir a Dios en medio del mundo; a propagar la fe, invitando a muchos a la
conversión, enseñando a los que no saben, consolando a los que sufren,
vistiendo al desnudo, dando de comer al hambriento, orando e intercediendo por
los más necesitados, convirtiéndose en alma víctima de reparación de sus
pecados y los pecados del mundo entero.
En el
trabajo pastoral, estimula la fe de los fieles, aviva la esperanza en el
corazón de sus hermanos y hermanas, renovando así a través de su entrega fiel
la alianza perpetua de amor entre Dios y la humanidad. Ese vínculo de
amor eterno que se pactó en la consagración, es la lámpara encendida que hace
arder el fuego de la caridad divina en medio del mundo. Ella con su
devota entrega se convierten en Luz de Cristo, para la Iglesia y el
mundo.
Demos
gracias a Dios por el don de la Virginidad Consagrada; porque sólo El hace
posible lo imposible… Vírgenes Consagradas en la Iglesia, Esposas Místicas de
Cristo, Signos Visibles del amor esponsal de Dios por la humanidad.
Fecha de Realización: 22 de diciembre de 2014
Editado: 24 de junio de 2016
Ivette Fontánez Ojea, VC
No hay comentarios.:
Publicar un comentario