lunes, 25 de febrero de 2019



 JMJ PanamÁ 2019...
¡Un Sueño Hecho Realidad!

La Jornada Mundial de la Juventud era un encuentro  religioso que anhelé durante toda mi juventud. Desde los catorce años, luego del sacramento de la confirmación, el grupo juvenil fue el espacio concreto donde conocí a Jesús, empecé a amar a la Iglesia y desarrollé mi liderazgo. La Pastoral Juvenil fue la comunidad cristiana en la que descubrí, que la verdadera felicidad estaba en servir y amar. Cuántos eventos parroquiales, diocesanos y nacionales, en donde representaba a mi grupo juvenil. Sólo quedaba una actividad, la JMJ, en una época donde las delegaciones nos estaban tan organizadas y yo no tenía los recursos para hacer un viaje de tal naturaleza.

El camino de la fe trazó una ruta vocacional muy peculiar para mí. Que acepté con alegría porque sabía que era fruto de todas las experiencias vividas en la Pastoral Juvenil. Con júbilo  comprendí que Dios me llamaba a un servicio muy especial por medio de la consagración virginal, que era el feliz termino de la llamada que recibí muy joven desde mi grupo juvenil. Aunque agradecida de Dios por tantos beneficios, quedaba la nostalgia de poder asistir a una Jornada. 

Bendito el año 2016, cuando se anunció que la próxima jornada sería en Panamá, tan cerca y accesible para mí. Aunque dudosa de poder hacer el viaje, empecé a coquetear con la idea y un hermano de la parroquia al escucharme, con fuerza me dijo: “Panamá, es un quitao. Cómo no vas a ir". Sus palabras me llenaron de valor para empezar a hacer planes, dos años y medio eran buen tiempo para obtener los recursos materiales y espirituales necesarios para este evento. Cuántos esfuerzos, dos empleos para reunir el dinero, reuniones de formación, compras de último minuto para llevar lo esencial y poder pasarla bien. Llegado el gran día todo era expectación, andaba como niña que recibe  su más deseado regalo, la JMJ.

Llegar a Panamá, abría un marco de incertidumbre, mi familia preguntaba dónde te vas a quedar. Y la respuesta a mi misma me llenaba de temor:  en una familia acogedora; quiénes son ellos me decían, no se, los conoceré en Panamá y todos enmudecíamos ante el panorama desconocido. Que gran sorpresa me preparó el Señor, una familia compuesta por dos chicas y sus padres, quienes decían que no iban con frecuencia a la Iglesia, pero querían ayudar. Al llegar a la residencia me ubicaron en la habitación de las muchachitas, pasmada voy a colocar mis cosas en el lugar. Para tomar conciencia de que estás jovencitas en su deseo de ayudar, conocer personas nuevas y compartir algo diferente me estaban cediendo su espacio, su habitación y sus camas. Cuán sensible puede ser el corazón humano, cuando hay disposición para compartir lo que somos y tenemos. Ese era el primer regalo, Dios al mostrarme la sencillez de mi familia acogedora, me estaba invitando a ser igualmente sencilla, desprendida para que pueda compartir, cada vez más y mejor, lo que soy y lo que tengo. 



Llegado el martes 22 de enero, comenzó el programa oficial con las catequesis y la misa de apertura. Dios tan elocuente al iniciar y terminar el día nos aleccionó con su Palabra: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tú palabra”(Lc 1, 38). En la voz de cada Obispo que se dirigía a los jóvenes se repetía la invitación a escuchar la voz de Dios, dejarse conmover por su mensaje, cuestionarnos a nosotros mismos con tal Palabra, a fin de poder ofrecer una respuesta generosa como la de María ante el llamado de Dios. Perfecto el preámbulo para lo que nos esperaba, junto al Papá los próximos días. Bien dice la tradición y la religiosidad popular que desde el corazón de María alcanzamos el corazón de Dios, que es el mismo de Cristo; que tomados de su mano gracias recibiremos. Eso es la JMJ una fiesta de gracia y bendición para todos los que con corazón devoto nos acercamos a Jesús en cada  actividad realizada. 


 El miércoles era día libre, desde Puerto Rico yo tenía un plan: organizar la agenda para conocer a una Hermana Consagrada de Venezuela , que sólo nos conocíamos a través de las redes sociales. Cada una forzó el itinerario de ese día para darnos cita en el Parque Omar, “Parque de la Juventud”, y lo logramos. Una felicidad inmensa ver por primera vez a esta Hermana en el escenario del Parque de la Juventud, donde los jóvenes podían apreciar más de cerca el propósito verdadero de la Jornada. La ambientación comunicaba un mensaje especial de parte de Jesús para todos los que llegábamos allí. Que la alegría en Cristo Jesús se manifiesta en nosotros por el encuentro con él, dejándonos renovar por su gracia y siguiéndole de todo corazón, sin reservas. El trasfondo no podía ser mejor para el encuentro de dos amigas que en la distancia están unidas por un mismo amor, la entrega total a Cristo Esposo a través de la Vida Consagrada. 



 Jueves, comenzaron los eventos con el Papá Francisco y ahí estábamos en la Ceremonia de Bienvenida con boletos VIP, más regalos. Cada día algún miembro de nuestra delegación tendría esta oportunidad participar más de cerca de cada ceremonia con boletos de preferencia. Ver al Papá, tomar fotos, escuchar sus palabras, sentir el entusiasmo de una gran asamblea que se acercaba al Pontífice con mucho respeto y profundo afecto. Allí estaba yo sintiendo lo mismo y no podía creerlo, era como estar en una burbuja fascinante de la cual no quería escapar. La Cinta Costera era como el monte del Sermón de las Bienaventuranzas, todos congregados con ansías de escuchar la voz del sumo Pastor y acoger por medio de él las palabras de Jesús. Cuántos dones el Señor repartió a su Iglesia en los días subsiguientes, maravillosa la mística Pascual que rodea todo el evento. Jueves de encuentro, viernes penitencial, sábado de vigilia y domingo de fiesta al clausurar con el banquete del amor, la celebración eucarística. Ni el cansancio, ni el hambre o el aburrimiento empeñaban la dicha de estar allí junto a medio millón de personas adorando a  Dios, orando unos por los otros y viviendo en fraternidad y sana amistad. Eso sólo lo consigue Dios, que hace que una multitud delante de Él se postre y reconozca que “ Jesucristo, es el Señor para gloria de Dios Padre”(Fl 2,11).




No hay comentarios.:

Publicar un comentario