Jessica Hayes... una mujer enamorada de Jesucristo
Autor: Ivette Fontánez Ojea, OVC
El pasado 16 de
agosto de 2015, circuló de forma viral en las redes sociales y en los medios
televisivos la noticia, sobre el "inusual casamiento", de una
joven mujer virgen con Jesucristo. Jessica Hayes, acaparó la atención del
mundo, al testificar públicamente su deseo de amar matrimonialmente solo a
Cristo, El Hijo de Dios.
Mientras, leía
algunos comentarios en las redes sociales, me cuestionaba qué de extraño o bizarro
se podría encontrar, en la profesión de votos perpetuos en el Orden de las
Vírgenes, de una norteamericana, que sin duda, llena de fe y esperanza en Dios,
manifestaba la entrega de su corazón y de sus sentimientos más profundos a
Jesús, junto con su deseo de servir a la Iglesia. Sin embargo, al mismo
tiempo capté rápidamente, el desconocimiento que hay entre el Santo
Pueblo de Dios, sobre la vida consagrada y el celibato ofrecido en servicio a
Dios y a su Iglesia, es decir, ofrecido por el Reino de Dios.
En medio de mi
desconcierto, aparecía un viso de indignación, al tomar conciencia de que
la opinión pública que se generó ante este evento religioso tan sublime,
reflejaba lo que alguna gente piensa de todas las Vírgenes Consagradas, o hasta
de mí misma, puesto que igual que ella, me casé con Jesús el 19 de mayo de
2012. Me inquietó mucho el morbo con que se establecían analogías
para entender con quien se casó Jessica, desde la idea de que este acto de fe
era un hecho puramente imaginario, hasta el planteamiento de que se estaba
casando con el Obispo. Sin embargo, se perdía de perspectiva el misterio
del amor de Dios manifestado a través de Cristo en la decisión de Jessica, ella
buscando la unidad plena con Cristo, utilizó la virginidad consagrada, de la
misma forma que cualquier otra dama puede hacerlo en un Instituto de Vida
Religiosa, Secular o Monasterio de Clausura. En el pleno ejercicio de la
libertad, cada Virgen Consagrada busca entregar su corazón completamente a
Cristo, para que "Él que se entregó a sí mismo por ella, para
consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla
ante sí gloriosa (Efesios 5 21 - 32). La Iglesia, de la que todas las
Vírgenes Consagradas somos parte, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino
santa e inmaculada" (Efesios 5, 21-32), fuésemos irreprochables ante Él
por el amor (Efesios 1, 4), viviendo según la vocación para la cual hemos sido
elegidas.
Por lo que me
pareció prudente ofrecer una breve catequesis sobre la virginidad consagrada,
tomando algunos textos formativos que la Iglesia Católica ha difundido.
Así como citando parte de las publicaciones breves, que la Hermana Lucila
Antonia Murillo, OVC, ha publicado a través de Facebook desde Nicaragua.
El Orden de las
Vírgenes, es la forma de vida consagrada más antigua de la Iglesia, costumbre
que se remonta a la Iglesia Primitiva. Desde los tiempos apostólicos,
vírgenes cristianas fueron llamadas por el Señor para consagrarse a El
enteramente, tomando la decisión, aprobada por la Iglesia de vivir en estado de
virginidad por el Reino de los cielos, según nos explica Hna. Lucila.
Aunque en la edad media la consagración cayó en desuso, en parte a causa
de la Reforma Protestante, que dejó una época de espiritualidad muy
individualista. La Sagrada Congregación para el Culto Divino promulgó en
1970 el nuevo rito litúrgico para la Consagración de Vírgenes, de valioso
contenido espiritual; venerable por su origen antiguo, admirable por su edad y
belleza.
El Orden de las Vírgenes está formado por
mujeres laicas, que aún permaneciendo en el mundo quedan definitivamente
“reservadas para Dios” con un vínculo virginal y nupcial, por medio de un
propósito irrevocable, sellado por un rito público, solemne y litúrgico.
A través de este rito, la Iglesia demuestra su aprecio por la virginidad,
implora gracias a favor de las vírgenes y espera un derramamiento de
bendiciones que hará de la virgen una esposa fecunda para la gloria de
Dios. Es un estado de vida “canónico” en la Iglesia, es decir es de
naturaleza jurídica, una de las cuatro formas de “Vida Consagrada” reconocidas
por el Código de Derecho Canónico (C.I.C. 604) y definido dentro del apartado
destinado a la Vida Consagrada en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, y en
la Carta Apostólica “Vita Consecrata” Juan Pablo II. (CIC, c. 604; CIC
922-924). La Hna. Lucila señala, que el Orden de las Vírgenes, constituye
un orden, no una orden, es decir, un grupo eclesial con características propias
y bien definidas.
La dama virgen
celebra su unión esponsal con Cristo, ofrendando su amor, con un corazón
indiviso (1Co 7, 32-35); tal cual el Apóstol Pablo exhortaba a los Corintios, a
descubrir el llamando de Dios para entregarse en plena libertad al servicio de
la Iglesia. En palabras paulinas: "Yo
os quisiera libre de preocupaciones", libres de las exigencias
sociales y del mundo, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo
como a nosotros mismos. La Virgen Consagrada acepta el propósito
santo de seguir más de cerca a Cristo mediante el desposorio místico.
Como consecuencia directa de este estado de vida, se deriva la santa obligación
de estar "preocupada de las cosas del Señor y de agradarlo" (1Co 7,
32-35), a través, de la oración personal en comunión con la Iglesia
Universal rezando el Oficio Divino. Así como, participando de la vida litúrgica
y sacramental en donde se encuentra Cristo presente en la Iglesia y del
trabajo apostólico encomendado, de acuerdo con sus talentos y carismas.
En este "agradar"
están contenidas toda la reserva, el tiempo, las orientaciones, preocupaciones,
(Mendoza, 2012) y esfuerzos cotidianos son dirigidos a hacia Dios, a fin de que
la Virgen Consagrada, alcance el fiel cumplimiento del voto profesado y por
medio de él la santidad.
Referencias:
Publicaciones Electrónicas de la Hna. Lucila Antonia Murillo, Nicaragua (2014 al presente)
http://www.zenit.org/es/articles/preocuparse-de-las-cosas-del-senor-y-servirlo-con-corazon-indiviso-tiempo-ordinario-4-ciclo-b Pedro Mendoza (2012)
http://www.maristas.com.ar/biblioteca_digital_marista/Documentos/Un%20Corazon%20Indiviso.pdf. Hno. Sean Sammon, fms (2002)
Clara la explicacion.
ResponderBorrarMe alegra que facilita la comprensión.
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